… y desde el comienzo, la búsqueda de tales leyes se ha visto como una actividad masculina por naturaleza
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Pitágoras dijo que los números eran cosa de hombres. Ese pensamiento continúa en la actualidad (y 2)

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Las matemáticas estaban relacionadas con los dioses y con lo trascendente del mundo material. En cambio, las mujeres, por su naturaleza, pertenecían al escalón más bajo y vil. Pitágoras dijo que los números eran cosa de hombres. Ese pensamiento continúa en la actualidad (y 2)

Los hombres pueden tolerar a las mujeres en el mundo de la física siempre y cuando se encuentren en una posición subordinada, pero no pueden soportar que ellas se sitúen en un nivel superior".…Y los departamentos de física fueron los que más tardaron en admitir a las mujeres como estudiantes o profesoras.

 

 

* Margaret Wertheim

Publicado por: The New York Times

Fecha de publicación: 3 de Octubre 2006 – Science

Cuando hice mi especialización en física a finales de los 70, mis pocas compañeras de clase y yo guardábamos grandes esperanzas en que las mujeres pronto se igualarían a los hombres en el campo de las ciencias. Pero el progreso ha seguido un camino más lento de lo que imaginábamos. Un informe publicado la semana pasada por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos pone de relieve una extendida discriminación hacia las mujeres en el área de las ciencias y de la ingeniería. Además, dicho informe recomienda una completa remodelación de nuestras instituciones.

Aunque existan verdaderamente sutiles diferencias biológicas que han contribuido a la ausencia de mujeres entre los puestos más altos de los ránkings de las ciencias, las entrevistas demuestran que muchas mujeres científicas continúan experimentando tanto discriminación manifiesta como encubierta.

El informe de la Academia ha tenido una buena acogida. De todos modos, existen razones para creer que, cuando se trata de ciencias matemáticamente intensivas como la física o la astronomía, no es sólo la burocracia quien obstaculiza el camino.

Mujeres físicas, astrónomas y matemáticas han debido enfrentarse a más de 2.000 años de convencionalismo que durante largo tiempo ha hecho que estos campos se identifiquen de manera natural con lo masculino. A pesar de que las mujeres ya no son vetadas en los laboratorios universitarios y en las comunidades científicas, la idea de que ellas estén de forma innata menos predispuestas a las ciencias matemáticas se haya profundamente arraigada en nuestros genes culturales.

El problema se remonta a nuestros antepasados griegos, más en concreto a Pitágoras, el gigante filósofo que tuvo el sueño que hoy conocemos como física moderna. Casi con toda certeza, Pitágoras aprendió de los babilonios su famoso teorema sobre los triángulos rectángulos, pero a él debemos una idea mucho más brillante: "Todo es número", declaró éste, convirtiéndose en la primera persona en afirmar que la física podía describirse mediante el lenguaje de las matemáticas.

Pitágoras nos brindó también la idea de la "música de las esferas", un conjunto de relaciones matemáticas que vienen a definir la estructura misma del universo. Más tarde, sus teorías darían pie a una auténtica revolución liderada por Copérnico, Kepler, Galileo y Newton. La lucha por encontrar una teoría del todo es hoy en día la última versión de la antigua búsqueda pitagórica de las "armonías cósmicas" divinas. 

Aunque muchas culturas hayan desarrollado tradiciones matemáticas complejas, entre las que se incluyen las culturas árabe, india y maya, el mundo occidental ha sido la única en concebir el mundo material como una encarnación de leyes matemáticas. Y desde el comienzo, la búsqueda de tales leyes se ha visto como una actividad masculina por naturaleza.

La sociedad pitagórica del siglo quinto a.C. fue la cuna de la investigación matemática, pero el Pitagorismo era también una religión y, como muchos cultos griegos, sus creencias eran dualísticas. Para los pitagóricos, la realidad se componía de dos partes: por un lado, la mente y el espíritu y el lado trascendente de los dioses; por otro lado, el cuerpo y la materia y el lado mundano de la tierra. Como muchos pensadores griegos, los pitagóricos asociaban la esfera mental/espiritual de la realidad con lo masculino y la esfera corpórea/material con lo femenino.

Pitágoras introdujo a los números en toda esta mezcla y los ubicó en la parte masculina de la historia. En el sistema pitagórico, pensar en números o hacer matemáticas era una tarea intrínsecamente masculina. Las matemáticas estaban relacionadas con los dioses y con lo trascendente del mundo material. En cambio, las mujeres, por su naturaleza, pertenecían al escalón más bajo y vil.

A finales de la Edad Media, el interés pitagórico en dar una aproximación matemática a la ciencia empezó a ganar terreno, suponiendo por tanto el comienzo de la física moderna.

"La creación de los números supuso la creación de las cosas", escribió Thierry de Chartres en el siglo XII, época en la cual se constituyeron las primeras universidades y se institucionalizó el aprendizaje académico. Las universidades fueron fundadas para educar al clérigo y, como las mujeres no podían ser sacerdotes, no pudieron asistir a éstas. Muchas facultades universitarias no permitieron la presencia de mujeres hasta comienzos del siglo XX y los departamentos de física fueron los que más tardaron en admitir a las mujeres como estudiantes o profesoras.

La Asociación Pitagórica sobre las matemáticas con trascendencia se trasladó fácilmente al contexto cristiano, dando lugar a la idea de un Dios judeocristiano como creador matemático. Cuando en la actualidad Stephen Hawking relaciona la teoría del todo con la mente de Dios, está reproduciendo una visión esencialmente pitagórica. Sin embargo, esta conexión entre Dios y las matemáticas encaja también con la tradición católica del sacerdocio como algo exclusivo para hombres. Así pues, desde los inicios, se excluyó a las mujeres del mundo académico y de las ciencias asociadas a éste. 

Cuando se crearon las primeras comunidades científicas en los siglos XVII y XVIII, casi la mayoría de éstas continuaron con esta tendencia misógina. Henry Oldenburg, primer secretario de la "Royal Society" de Gran Bretaña, afirmó que la misión de la organización era "impulsar una filosofía masculina". Hasta el año 1945, este bastión de la ciencia no admitió a una mujer como miembro de pleno derecho.

Los prejuicios en el campo de las ciencias perjudican a las mujeres. Crónica

 

(SETIEMBRE 19, 2006 – Artículo relacionado)

Las mujeres han seguido enfrentándose a prejuicios profundamente arraigados. Emma Noether, que descubrió que todas las leyes de conservación física estaban relacionadas con simetrías matemáticas, vivió en los mismos tiempos que Einstein y le ayudó a resolver algunas matemáticas sobre relatividad general. Lo hizo sin ostentar ningún cargo académico oficial y prácticamente sin recibir ningún sueldo. 

Lise Meitner, que desarrolló la teoría de la fisión nuclear, no fue incluida en el Premio Nóbel concedido a este trabajo en 1944. El departamento de física de la Universidad de Harvard no ofreció ningún puesto a una mujer hasta el año 1992.

Hubiera sido sorprendente, cuando la Academia Sueca anunció los Premios Nóbel de las Ciencias, ver alguna mujer en la lista. Marie Curie recibió un Nóbel en física en el año 1903. La única mujer en seguirle fue Maria Goeppert Mayer en 1963, quien compartió premio por su teoría sobre la estructura de los núcleos atómicos. En el área de las matemáticas, la situación de las mujeres es aún peor. Los premios "Fields Medal", el equivalente a los Nóbel en el campo de las matemáticas, nunca han sido concedidos a una mujer.

Muchas de las mujeres dedicadas a las ciencias desde los años 70 siguen sorprendidas por el escaso progreso realizado. Gail G. Hanson, una reconocida profesora de física en la Universidad de California (Riverside) y también la única mujer que ha ganado el premio W.K.H. Panofsky sobre física experimental de partículas, afirmó mediante conversación telefónica que: "en este momento, parece haber una aceptación de las mujeres en el campo de las ciencias para los niveles profesionales más bajos. Pero una vez que accedemos a puestos de mayor responsabilidad, se instala una especie de antagonismo".

Mientras preparaba su postdoctorado en el Stanford Linear Accelerator Center, la Dra. Hanson descubrió los quark jets (grupo de partículas subatómicas), trabajo por el cual recibiría el Premio Panofsky. Sin embargo, a lo largo de su carrera investigadora, se le ha seguido considerando en un rango inferior y no como investigadora destacada.

La Dra. Hanson es objeto de un capítulo en un nuevo libro sobre la vida y el trabajo de 40 importantes mujeres físicas del siglo pasado. El libro, titulado "Out of the Shadows" (Fuera de las sombras) y editado por Nina Byers y Gary Williams, ambas físicas en la Universidad de California (Los Angeles), cuenta las barreras experimentadas por muchas de estas mujeres. Un número considerable de las mujeres contactadas para este artículo reconocieron como real este tipo de discriminación aún existente, aunque no han querido ser mencionadas en el texto.

Con tristeza y también enfado evidente en su voz, la Dra. Hanson dijo: "Pensaba que estas cosas sólo ocurría en los años 50. Resulta terrible que las mujeres estén enfrentándose todavía a estos obstáculos". Añade además que: "cuando ganas un premio, recibes un trato aún peor. Los hombres pueden tolerar a las mujeres en el mundo de la física siempre y cuando se encuentren en una posición subordinada, pero no pueden soportar que ellas se sitúen en un nivel superior".

El informe de la Academia Nacional afirma que aún nos queda mucho por hacer. Comparándonos con nuestros compañeros de trabajo con un mismo grado de experiencia, las mujeres científicas e ingenieras reciben un sueldo menor, a la vez que se las infravalora y que cuentan con escasa representación dentro de los niveles más altos. Dada la larga tradición de antipatía hacia las mujeres con perfiles matemáticos, sería ingenuo pensar que es posible cambiar nuestras instituciones en tan sólo una generación. Para ello, no basta simplemente con cambiar la burocracia, sino todo el zeitgeist cultural o espíritu de una época.

* Margaret Wertheim es la autora de "Pythagoras’ Trousers", una historia cultural de la física las mujeres.

 

  Traductora: Eva Justicia 

Foto 1: Gail G. Hanson, que descubrió los quark jets, dice que cuando las mujeres reciben un premio, "a menudo se les trata aún peor".

Foto 2: Lisa Meitner, vista aquí en los años 30, desarrolló la teoría de la fusión nuclear pero no fue incluida en el Premio Nóbel de 1944.

Foto 3: Emmy Noether ayudó a elaborar algunas de las ideas matemáticas sobre relatividad general y lo hizo sin recibir sueldo alguno.

Foto 4: Déb Neimeier, las mujeres en el campo de las ciencias tienen que buscar sus propios mentores

 

Women in Science: The Battle Moves to the Trenches

ByCORNELIA DEAN

Published: December 19, 2006

http://www.nytimes.com/2006/12/19/science/19women.html?pagewanted=1&_r=1&th&emc=th

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