Noticia anterior

La subversión cotidiana

Noticia siguiente
La subversión cotidiana

La autora del texto arremete contra la sociedad patriarcal que le hace sentirse extranjera… En realidad es un juego de palabras porque ella es argentina y vive en Brasil, donde alguna vez ha sido discriminada por el movimiento por el hecho de no ser ciudadana brasilera. Propone que, desde fuera de todas las instituciones, se lleve a cabo una lucha para acabar con la clase hombre y así eliminar la clase mujer. Y esta lucha sólo podrá formalizarse a través del feminismo autónomo.

Por Mariana Pessah1

Voy a dividir mi artículo en las siguientes partes: primeramente voy a hacer algunas reflexiones sobre qué es ser mujer en una sociedad patriarcal, luego voy a hablar sobre mi visión de democracia del patriarcado y para concluir voy a traer la lesbianidad como acción política.

Para empezar quiero explicitar desde qué lugar me sitúo para hablar y pensar. El punto de vista desde el cual mis ojos ven la realidad, mi corazón late y mi piel se estremece es la extranjería. Pero no extranjería por el hecho de no haber nacido en Brasil, yo me siento extranjera en una sociedad patriarcal, en un orden pensado y creado por ojos masculinos, por corazones de hombres que se creen universales, por pieles que llevan vivencias grabadas ajenas a las nuestras.

En 1948 fue creada la "Declaración Universal de los derechos del HOMBRE". Esta denominación vuelve el hecho mucho más obvio: una sociedad heterosexual pensando en los derechos de las personas de sexo masculino. ¿Distracción? ¿Error nuestro de comprensión? ¿Falla estructural tal vez? ¿O simplemente concepción ideológica? 

Me quedo con estas preguntas en la cabeza y salgo a caminar. Ya en la calle Fernandes Vieira, entre árboles y pajaritos de mi bello Bom Fim, me encuentro con un puesto de diarios. Con mi hábito de leer los titulares, me aproximo. Veamos qué hay de nuevo hoy: "PMDB detiene candidatura propia, Antonhy Garotinho2 quedó desahuciado y fue consolado por Rosinha". Otro título: "Ataques criminales y rebeliones causan más de 70 muertes en San Pablo"; "Irak vive otro día de horror, todavía a la espera de un gobierno, país árabe cuenta con 40 muertos y 80 heridos en nueva escalada de violencia". En ese momento se desata un ventarrón y hace que una de las páginas del diario se levante. Siempre atenta a las letras continuo leyendo: "Pescadores encontraron una ballena". Finalmente me siento contemplada en esta "realidad", me identifico con esas magníficas mamíferas. Me aproximo más aún mientras el viento me sigue invitando a leer: "Pescadores del Balneario Oasis, en el Litoral Norte del Estado, encontraron ayer por la mañana el cuerpo de una ballena flotando en la playa...". Ay, no, en el momento que comienzo a sentirme menos extranjera en este mundo, ¡la ballena aparece muerta y flotando!

Vuelvo a casa pensativa, queriendo distraerme un poco. Luego de hacerle un mimito a Sofía, mi querida gata, enciendo la televisión. No estoy con ganas ni de ver novelas, ni fútbol, me fijo qué hay en otros canales. Entonces me encuentro con un grupo de mujeres conversando y me detengo. "Tacos Altos" es el nombre del programa. Con ese título ya me deja nuevamente afuera, así y todo intento ver de qué se trata. Ni vale la pena reproducirlo. Un programa montado sobre los altos tacos del patriarcado, nada nuevo puede presentar debajo del sol.

Las mujeres también pueden reproducir la mentalidad patriarcal. La ideología va más allá del sexo. El patriarcado puede ser personificado tanto por Bush, como por la Condolessa Rice. Ejemplo que sirve para ilustrar cómo una mujer negra, no es sinónimo de lucha feminista ni anti-racista.

En este sistema operacional3 las mujeres estamos representadas a través y por los hombres. ¿Quién diseña esos programas y dirige esos diarios? Empresas del sistema económico-patriarcal, o sea, cabezas masculinistas. Las imágenes que aparecen son de ellos, los medios muestran hombres y cuando aparecen mujeres, aunque sea la gobernadora de Río de Janeiro, debe estar en función de un hombre. En la cárcel aparecemos como madres y esposas que visitan a sus familiares. Esos presidiarios parecerían no tener ni hijos, ni padres, solamente mujeres que los cuidan y aman.

Ahora voy al ordenador a ver las novedades que me traen los e-mails. Sofía, que ya se había instalado en mis piernas no está de acuerdo con la idea de movernos, le hago otro cariño mientras  oigo su placentero ronrón.

Leo con preocupación que en una ciudad pequeña de México - San Salvador Atenco - la policía federal invadió selectivamente numerosas casas de la comunidad, realizando centenares de detenciones, destruyendo todo lo que encontraba a su paso, violentando a personas mayores, hombres, mujeres niñas y niños. Pero sobretodo, violando a mujeres, inclusive, en los propios vehículos policiales.

Nuevamente la realidad me recuerda que soy una extranjera.

Felizmente, en mi tierra existen la literatura y la imaginación.

Voy al living, donde Sofía en su mundo de reina del hogar, juega con una pelotita. Una especie de fútbol, pero de gata y sin competencia. Mientras corre tira un libro de la biblioteca. Virginia Woolf se instala entre nosotras. Me acerco. Al ver la desesperación en que me encontraba, ella - la propia Virginia - me mira con su transparencia impecable, llegada de las profundidades del mar y comienza a leer: '....mientras ustedes harán uso de los medios suministrados por su posición – coaliciones, simposios, campañas, grandes nombres y todas aquellas medidas públicas que su riqueza y política influencia ponen al alcance de sus manos-, nosotras, que seguiremos siendo extrañas, haremos experimentos".

La miro con los ojos de una náufraga. Encontré un poquito de tierra firme en donde aferrarme y ahora podré dejar pasar el diluvio. El descubrimiento de que en mi tierra también existen otras extranjeras, me llena de felicidad

Virginia, vieja sabia, me mira y sin hablar, me guiña un ojo e invita a Monique Witting a nuestra reunión mujeril. Ella entra muy segura de sí misma. Con una preciosa sonrisa, sabiendo lo que está sucediendo y cómplice, muy cómplice nuestra, se sienta a nuestro lado y comienza a leer: "Constituir una diferencia y controlarla es un acto de poder, dado que es esencialmente un acto normativo. Todas las personas tratan de mostrar que la otra o el otro son diferentes. Pero no todas tienen éxito en su empresa. Hay que ocupar una posición social de poder para lograrlo. (...)... Rompemos el contrato heterosexual. Esto es lo que las lesbianas estamos diciendo por todas partes, si no con teorías, mediante prácticas sociales, y aún no sabemos cuáles podrán ser las repercusiones de esto en la cultura y en la sociedad hetero. Alguien que se dedique a la antropología podrá decirnos que tenemos que esperar cincuenta años. Sí, si una quiere universalizar el funcionamiento de estas sociedades y hacer aparecer sus rasgos invariantes. Mientras tanto, los conceptos hetero se van socavando. ¿Qué es la mujer? Pánico, alarma general para una defensa activa. Francamente, es un problema que las lesbianas no tenemos porque hemos hecho un cambio de perspectiva, y sería incorrecto decir que las lesbianas nos relacionamos, hacemos el amor o vivimos con mujeres, porque el término 'mujer' tiene sentido sólo en los sistemas económicos y de pensamiento heterosexuales. Las lesbianas no somos mujeres (como no lo es tampoco ninguna mujer que no esté en relación de dependencia personal con un hombre)".

Comienzo a sentir que nuestra tierra lésbica se puebla de palabras y emociones profundas. Puedo reconocerme, verme reflejada en ellas. Me siento parte de esas palabras e ideas y veo que lo que está siendo planteado aquí es que la sociedad masculinista crea un grupo sexo-económico poderoso. Para que este pueda funcionar, precisa de otro grupo sexo-económico dependiente, que lo sostenga y ayude en su reproducción. Monique Witting propone una salida a partir de la lesbianiad. Utilizar nuestra sexualidad como herramienta de ruptura a la norma heterosexual, con lo cual quedaríamos fuera de la clase mujer.

Monique Witting formaba parte del Feminismo Materialista Francés, como escribieron mis keridas amigas Ochy Curiel y Jules Falquet: "Fue al calor del movimiento social de liberación de las mujeres y en estrecha ligazón con él, que un pequeño grupo de feministas de la corriente <radical> del movimiento francés, unido alrededor de la revista Questions Féministes, logró en unos cuantos años desarrollar un conjunto teórico especialmente denso y convergente, que permitía por primera vez, dar cuenta de la opresión de las mujeres en cuanto clase social, es decir, que analizaba el sexo – la existencia de mujeres y varones –, como un fenómeno de clase".

Para salir de este lugar de extranjería, tenemos que construir otro espacio, uno hecho por nosotras lesbianas y mujeres disidentes del papel en que el patriarcado juntamente con el capitalismo nos han colocado.

"La lucha consiste en abandonar la resistencia pasiva, para llegar a la resistencia activa y finalmente a la ACCIÓN"4.

-La resistencia pasiva sería la situación en que se encuentra toda mujer que sufre las consecuencias de la opresión patriarcal, más allá de su clase social y origen.

-La resistencia activa comienza en el momento que la propia mujer se hace consciente de su opresión.

-La ACCIÓN se materializa a partir de la consciencia de opresión y la tentativa de cambio.

Hablemos de democracia

Llegó el momento de perder el miedo. Como latino-americanas y caribeñas que somos, fuimos muy bien educadas para saber que democracia es el opuesto de totalitarismo y que en nuestros países tenemos una larga trayectoria de dictaduras militares. Pero los gobiernos son totalitarios ¿únicamente cuando se trata de dictaduras militares? ¿Y qué sucede en nuestras "queridas" democracias civiles?

Estamos en la ciudad de Recife, en el estado de Pernambuco, donde hasta el mes de marzo habían asesinado a 60 mujeres5.

Estamos hablando de un promedio de 20 asesinatos mensuales, lo que daría ¡240 anuales! Solamente aquí, en este estado, en un país como Brasil que tiene 27 estados.

Me quedo pensando y haciendo números. Cuando hablamos - y con mucha razón – de los horrores cometidos en la dictadura militar argentina, que fue una de las más cruentas de América Latina y el Caribe, estamos hablando de 30.000 personas desaparecidas. Mi cabeza continua haciendo cálculos y pensando que esto sucedió a lo largo de siete años. Hagamos una cuenta rápida, 240 (o sea, el promedio de mujeres asesinadas por año en el estado de Pernambuco) por los 27 estados existentes en Brasil, ese número nos da 6.480. Si a este resultado lo volvemos a multiplicar por 7 (los años que duró la dictadura en Argentina) llegamos a un número pavoroso: 45.360. El resultado es pavoroso desde cualquier ángulo que se lo observe. Dentro de las 30.000 desaparecidas, están incluidos hombres y niños, además de mujeres. Entre las 45.360 mujeres asesinadas en Brasil, no están incluidas las muertes por aborto clandestino, ni las mujeres asesinadas víctimas del racismo, ni de otras cuestiones referentes al género.

En estos días, como mencionaba anteriormente, se está viviendo una situación terriblemente grave en México, donde, en la ciudad de Atenco fueron violados los derechos elementales y básicos de muchas ciudadanas y ciudadanos, pero particularmente de las mujeres que fueron, además de torturadas, también violadas.

Las mujeres siempre somos botín de guerra. En estas cuestiones, las democracias no se diferencias a las dictaduras y a los estados de guerra.

La historia viene a través de ellos. Ser hombre en esta sociedad, es - entre otras cosas -, desconocer el miedo en el cuerpo de poder ser violada y en el caso de quedar embarazada, tener que tener ese bebé porque el aborto es ilegal y clasista. ¿De estas democracias queremos hablar hoy? ¿En estas democracias queremos construir?

Nos urge pensar en otras posibilidades de gobierno, de organizaciones planeadas por cabezas mujeriles, lesbianas y no patriarcales ni racistas.

Me pregunto: por qué tenemos que continuar defendiendo la democracia de ellos, del poder patriarcal. Nosotras no formamos parte de la construcción de este sistema, entonces ¿porqué deberíamos defenderlo? ¿Tiene sentido continuar hablando de democracia en una sociedad tan hipócrita como esta? ¿Tiene sentido hablar de poder masculinista, en códigos hechos y pensados por ellos? ¿Ser cómplices de los poderosos y olvidarnos de nuestras cuestiones?

Subvirtiendo los valores y normas establecidas

Solo es posible la subversión del orden patriarcal, heterosexual, económico y político desde fuera de las instituciones, partidos políticos, gobiernos, fuera del mundo de las ideas patriarcales, fuera de los matrimonios y de las iglesias.

Por esta razón mi postura es desde el feminismo autónomo. Desde mi punto de vista, únicamente desde este lugar de autonomía es posible luchar para acabar con la clase hombre y así eliminar la clase mujer. Esta categoría- clase mujer- podemos utilizarla como sinónimo de clase baja, de inmigrante, e inclusive de trabajo esclavo, o sea, de categorías sociales que, realizando la misma función de un hombre, reciben menores sueldos (o no reciben ninguna remuneración). Una mujer sometida a las reglas del matrimonio, debe ocuparse del marido, de las hijas e hijos, del hogar, como una imposición de las reglas sociales, aunque ella trabaje fuera de casa y eso genere las famosas dobles o triples jornadas. Esta mujer, además de las tareas domésticas (prácticamente esclavas por el hecho de ser obligatorias y no remuneradas), en el caso de trabajar fuera de casa recibirá, en muchos casos, un sueldo inferior al de un hombre que realice la misma tarea.

Entonces ser lesbiana es una opción. Una opción política, de comportamiento, de ruptura, de subversión. Es tomar la decisión de dejar de ser extranjera en tierra ajena y pasar a ser hacedora, arquitecta, artista, pensante, del propio espacio.

¡Basta!

Yo quiero, como dice la querida escritora Clarice Lispector, gritar.

"Porque existe el derecho al grito.

Entonces yo grito.

Grito puro y sin pedir propina...".

¡Basta! Basta de buenas formas, de buenos comportamientos.

Yo quiero hacer oír mi grito de rechazo a esta sociedad, a este sistema excluyente, selectivo, torturador, asesino, opresor que crea todas esas clases humanas para poder oprimirlas. Es una ecuación muy simple, si existen ricos, es porque existen pobres; de otra manera no tendría sentido esta palabra en nuestro vocabulario.

Al comienzo, dije que hablaba desde un lugar de extranjería, también lo hago desde la desobediencia, la irreverencia, la búsqueda permanente de otras opciones. Esta es la única manera que veo posible nuestra libertación. Si continuamos siendo las obedientes del sistema, nunca lo destruiremos.

El propio Marx decía que es imposible desmontar la casa del amo utilizando sus propias herramientas.

Tenemos que crear nuevos espacios, nuevas formas de relacionarnos, salir del poder patriarcal, del poder aprendido.

Yo soy artista, pero no solamente en el momento de crear una fotografía, de escribir un texto, también, cotidianamente cuando habito un mundo patriarcal, un mundo que no me pertenece, con normas establecidas para la sumisión de las mujeres. Tenemos que ser creativas para no caer en sus redes y continuar con nuestra subversión cotidiana.

La rebeldía está en nosotras y la creatividad de buscar las terceras y cuartas opciones – o tantas como sean necesarias – también. Tenemos que percibir el mundo, las realidades, desde una perspectiva tridimensional, o multidimensional, como él mismo se nos presenta. Sorprendiéndonos.

Yo quiero caminar por las paredes del patriarcado dejando las huellas de la existencia lesbiana.

Las mías, las nuestras, las de todas. Sueño con juntar esas fuerzas y salir por ahí, gritando por las calles, amando, sintiendo, sin miedo de lo que nos pueda suceder. Yo quiero esto en toda nuestra tierra, ansío volver a ése momento en que no éramos extranjeras, ni extrañas, ni nada. Éramos amazonas en la plenitud de vivir, de soñar, de danzar junto con Isadora Duncan, con Safo, con Lilith y Eva.

Yo quiero, junto con todas las rebeldes recuperar nuestra herstoria6, oír lo que nosotras hicimos antes de nuestra esclavitud. Quiero que estemos en los museos y ver nuestro arte mujeril reflejado en sus paredes; en las librerías y ver nuestras letras grabadas en las páginas de los libros; en los diarios ver mujeres hacedoras; en los cines, vernos dentro y fuera de las películas, de los relatos, las imágenes y sus músicas.

Quiero que salgamos de los armarios, de las jaulas y cantar, como los pajaritos de Bom Fim, nadar como las ballenas pero sin estar muertas, porque el día que hayamos subvertido nuestra realidad, no habrá esas muertes, habrá música, danzas, tambores.

También quiero estar relajada dentro del movimiento LGBT sabiendo que no se reproducirán los papeles de la sociedad hetero. No quiero una clase gay con privilegios y  una clase lesbiana que lo sostenga.

Quiero que luchemos, que nos levantemos, que sintamos nuevamente aquella furia que llevamos dentro de nuestras venas, en nuestra sangre guerrera, tantas fuerzas que en el día-día invertimos en resistir. Ahora vamos a invertir en nosotras, en nuestras fuerzas, vamos a materializar el cambio pasando a la acción y así a la transformación social.

Porque la existencia lesbiana lo merece, y porque el continum lésbico está presente, aquí y ahora.

Quiero caminar por las paredes del patriarcado dejando nuestras marcas de existencia lesbiana, subvirtiendo el punto de vista humano. Ser irreverente con las normas instituidas, desobediente con las instituciones patriarcales, solo así nos libertaremos.

La  rebeldía es hermana de la desobediencia y solo así llegaremos a nuestras profundidades, a sentir quién realmente somos, a sacarnos los vestidos patriarcales que desde niñas nos han obligado a usar y con ellos nos hacían actuar y amar.

Nosotras lesbianas y mujeres disidentes, luchadoras, sabemos muy bien cómo amar y a quién.

Notas

[1]Mariana Pessah es artista lesbiana y aktivista feminista, también artista feminista y aktivista lesbiana latino-americana y caribeña. Pertenece al grupo Mulheres Rebeldes y a la Articulación de Feministas Autónomas. Reside en la ciudad de Porto Alegre – Brasil desde el 2001.radicaldesdelaraiz@yahoo.com.br / marianapessah@yahoo.com.br

2 Antonhy Garotinho es un político carioca que quería ser la principal figura para las elecciones presidenciales de 2006. Rosinha es su esposa y gobernadora del Estado de Río de Janeiro.

3 Cuando hablo del sistema operacional, estoy haciendo un juego de palabras con el Windows, un programa colocado dentro de una computadora. Quiere decir que si alguien lo colocó, es posible sacarlo. Así veo la opresión que sufrimos las mujeres, si alguien la creó, nosotras bien podemos "des-crearla", y salir de ella.

4 Esta idea la desarrollo con mayor profundidad en: "Derribando las paredes del patriarcado".

5 En el momento de la ponencia me fue informado que hasta ese día, 19 de mayo, 2006 lleva 161 mujeres asesinadas en el estado de Pernambuco.

6 Es un juego de palabras con el inglés, en el cual el pronombre personal masculino "his" estaría siendo cambiado por "her" - pronombre personal femenino -. De esta forma estaríamos dando visibilidad a los cuentos y vidas de mujeres.

Bibliografía consultada:

-Jornal Correio do Povo, 15 de mayo de 2006.

-Virginia Woolf

-Monique Witting, "La mente hetero". http://www.zapatosrojos.com.ar/pdg/Ensayo/Ensayo%20-%20Monique%20Wittig.htm

-El patriarcado al desnudo – Tres feministas materialistas / Brecha Lésbica, 2005.

-Mariana Pessah, Derribando las paredes del patriarcado, 2005.

-Clarice Lispector, A hora da estrela.

revista la otra pagina © Laotrapagina.com | Queremos que este sea un lugar propio en el que todo aquello que tenga relación con la mujer pueda ser escrito y publicado, comentado y debatido; también criticado, con buenas prácticas.
Desarrollo web: Olivier Bertoncello Data Consulting
Sábado 25 de marzo de 2017 - 20:41