Los primeros tiempos de los hermanos Lumière como los actuales siguen siendo difíciles para las mujeres
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Viajeras Transgresoras. Su Destino: Ser mujeres/1

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Viajeras Transgresoras. Su Destino: Ser mujeres/1

Desde su origen, el cine pretendió ser un espectáculo para todas las clases sociales. Ya en la publicidad de 1896 los hermanos Lumière quisieron reflejar un ambiente abierto y familiar. Las primeras audiencias se reunían en las salas para ver películas que a menudo duraban un minuto. Su interés venía en buena parte dado por el hecho de ver en una pantalla a personas como ellas.

Los Lumière primero y los Pathé después sacaron a las calles sus cámaras para mostrar precisamente el espectáculo de la vida: obreros saliendo de las fábricas, niños y niñas en pleno almuerzo, escenas en las playas, etc. Tanto aquellos primeros tiempos como los actuales –ya ha transcurrido un siglo- siguen siendo momentos difíciles para las mujeres. Las voces de las mujeres se oyen cada vez con más fuerza y es una realidad la contribución que el feminismo ha aportado en el conocimiento científico, social y personal, sobre la vida de las mujeres y las relaciones sociales. Y, en ese contexto, cabe afirmar que el cine es una de las artes más cercana a las mujeres como transmisor de ideas. Pero el cine, como bien cultural, puede –y así lo ha demostrado a lo largo de cien años- ser impulsor de valores desde posiciones de libertad creativa, o puede ser todo lo contrario. El cine nos acerca la vida y esto nos ayuda a comprender nuestra situación para cambiarla. Las imágenes cobran mayor valor en un mundo deshumanizado e incomunicado y a las mujeres, que hemos estado calladas durante tanto tiempo nos es más fácil observar y entender lo que se refleja en la pantalla: temores, deseos, discriminaciones, insolidaridad, agresiones, desamor… Pero también encontramos independencia, valor, inteligencia, afectos, deseos… Antes de entrar en el tema específico es de rigor darnos una pequeña caminata a través de los tortuosos senderos de la Historia y observar cuál ha sido la situación de la mujer en el cine universal, desde los orígenes de este medio de expresión hasta las recientes conceptualizaciones teóricas y prácticas de su función independiente, dentro de sus distintas categorías técnicas y artísticas. El papel dependiente de la mujer en el cine -ya sea como estereotipo genérico en los temas que la representan como estrella mitológica, en su papel de objeto atractivo (a veces como actriz, a veces como simple figurante decorativa) o incluso como operaria técnica en tareas prolijas y repetitivas- se remonta a los orígenes de este arte. Sucede en el cine más o menos lo mismo que en las demás actividades artísticas, científicas o simplemente laborales de la sociedad. La mujer cineasta es discriminada tanto a nivel creativo como moral, desfavorecida en las remuneraciones y, hasta cierto punto, radiada de las funciones directivas. Como ya señalaba Virginia Wolf en Una habitación propia, el universo reglamentado por los hombres –añadiríamos que con la complicidad de muchas mujeres- ha decidido, entre otras cosas, que la mujer es apta para labores imitativas o pedagógicas (actriz, cantante, maestra) y no puede desempeñarse, como el hombre, en tareas que requieran una mayor dosis de creatividad. Este prejuicio o noción tiene una tradición secular: Pitágoras distinguía éticamente lo bueno y lo malo diciendo que lo bueno es la luz, el sol, el hombre, la línea recta; y lo malo es la sombra, la luna, la mujer, la línea curva. Pero el cine, que irrumpe apenas iniciado el siglo XX como un arte nuevo y sin demasiados puntos de referencia, deberá a su vez decidir cuál es la función de la mujer en su propio sistema de valores y en su estructura técnica. Evidentemente, el primer destino de la mujer en el cine es la presencia física: persona, personaje, pero sobre todo cuerpo: la mujer aparecerá como sueño erótico, visión feérica o imagen maternal, como novia o como amante, vampiro demoníaco, presa a conquistar o divinidad lejana. Estas imágenes tienen antecedentes tan tempranos como los diversos déshabillages de la mariée, prehistoria del cine "porno", o inefables episodios de cine naif, o quizás antes: el célebre beso de Mary Irwin y John Rice filmado en 1895 por Edmon Kuhn, memorable éxito augural del erotismo cinematográfico. En ambos documentos primitivos, como en la mayoría de los filmes futuros, la visión de la mujer será, sin duda alguna, aquélla que la sociedad regida por el hombre mantenía. Y es indispensable añadir, a título informativo, que ya en aquellos años sencillos e ingenuos del cine mudo, las sufragistas inglesas, puntualmente ridiculizadas, eran tema de sátira. Madre, novia o amante. Y por fin, nace como estereotipo propio del cine la vamp descendiente de la mujer fatal del romanticismo. La vamp recorrerá el cine mudo y extendería su dominio con Greta Garbo y Marlene Dietrich hasta desaparecer en su forma clásica con Marilyn Monroe. La idealización artificiosa de las estrellas, las diosas del sexo ha sido explotada por el cine comercial con una asiduidad constante. Este fenómeno no puede ocultar que tras esta divinización de la belleza física acompañada por la clásica crueldad de la mujer que vampiriza y devora al hombre, ha toda una mistificación: utiliza el mito, propone modelos de evasión, satisface los sueños eróticos del hombre y mantiene el prejuicio de la subordinación y de la inferioridad del sexo débil. Hay que aproximarse al cine actual para hallar visiones críticas de la condición femenina en estos dominios de desigualdad secular. El precursor, Kenji Mizoguchi, analiza la prostitución y sus causas, o el hecho insólito -en cualquier película occidental de la época- de que una mujer confiese complacerse en el sexo. Aun a pesar de que estos análisis se remontan a los años treinta podríamos afirmar que todavía son asombrosamente válidos hoy en día. A finales de los 70 Guy Hennebelle y Monique Martineau, comentaristas de cine, contabilizaron en su análisis sobre el fenómeno de los personajes cinematográficos femeninos doce estereotipos, señalando que la mujer es fotografiada por los filmes en "posturas mitológicas que contribuyen a fijar el principio de su subordinación y su inferioridad". Según esta clasificación, la mujer en el cine,está siempre representada como inferior al hombre, quien la abruma con toda su estatura de macho;aparece a menudo como explotada por el hombre;está siempre enclaustrada en la invisible prisión de los sentimientos;figura sobre todo como egeria, como inspiradora; está condicionada fundamentalmente por el sexo;es representada de buen grado como una divinidad del mundo moderno;aparece mucho más a menudo, en comparación con otros papeles, como prostituta;desempeña gustosamente el papel de una amante adulada;desempeña el papel de una ingenua, y al hombre corresponde "iniciarla" o "respetarla";aparece también en el, papel de una mujer de mala vida,aparece en el personaje de una madre de familia exclusivamente preocupada (y acaparada, por otra parte) por su prole, su marido y su casa; esta situación es presentada como algo natural;cuando desempeña un papel dominante, es representada como una mujer excepcional bajo todo punto de vista (por ejemplo, Juana de Arco). A este respecto y como colofón a este punto último vale añadir una crítica de Luís Martínez a principios de 1996: "Las mujeres parecen obligadas a la resignación de no aparecer caracterizadas de entrada como profesionales dignas de figurar en las ofertas de empleo, salvo en las páginas de relax, por sus propios méritos. ¿Ama de casa, prostituta o estudiantes? Básicamente y salvo obligadas excepciones, los papeles encarnados por mujeres en el año del aclamado despegue del cine español han quedado circunscritas a estas tres profesiones". Y pese al hecho de que las mujeres superamos en número a los hombres en las universidades y a que cerca del 50 por ciento de las menores de 45 años participan de forma activa en el mercado laboral a tiempo total o parcial, no ha tenido un reflejo significativo en las pantallas. Sobre este punto señalaba la socióloga y colaboradora de la red de expertos europeos sobre la mujer y el Estado del Bienestar, Celia Valiente, que lo que más le llamaba la atención es que las mujeres interpretan personajes que no sirven de modelo a nadie. "Frente a caracterizaciones masculinas más o menos envidiables, los femeninos son papeles que pueden elegir muy poco, no tienen alternativas. Carecen de amigos, profesiones o simplemente, de cosas que hacer". Por otra parte y bajo este mismo contexto, para Pilar Miró, directora de cine, lo importante es que las mujeres que aparecen –al margen de la labor profesional que se les atribuye- lo hacen "protestando y no en la actitud de sumisa de antes". Y como para aclarar este punto que ella consideraba todo un logro –el protestar de las mujeres- añadía otra explicación. "la mujer en el cine se ha convertido en una transgresora, como quizás también lo es en la realidad y la transgresión es siempre de uso dramático obligado".

Artículo cedido por la periodista NSP

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Miércoles 20 de septiembre de 2017 - 04:05