Noticia anterior

Mujeres del cine: otro género de mirada

Noticia siguiente
Mujeres del cine: otro género de mirada

Los esfuerzos de visibilización del cine hecho por mujeres implican cuestiones de riesgo para la teoría feminista, pues al procurar reconocer una obra realizada por una mujer, se rozan peligrosamente los lindes del esencialismo: el hecho de ser mujer no implica forzosamente realizar un cine feminista y sí, en cambio, esa perspectiva identifica al ser femenino con el ser biológico. ¿Bastaría, entonces, firmar con un nombre femenino o presentar la apariencia de una mujer para que el texto, inequívocamente, sea clasificado como una muestra del "cine femenino"? La autora de este artículo, nos da la clave.

Echando una ojeada a la cartelera en cualquier momento del año y en cualquier ciudad, comprobamos que, en la inmensa mayoría de las películas, el protagonismo está acaparado por figuras masculinas. Cuando hablo de 'protagonista' me refiero al personaje eje del relato, al que encarna su significado, aquel que vive las aventuras físicas, psíquicas y/o simbólicas que el film nos propone. No le doy, pues, tal apelativo a un personaje femenino simplemente porque sea 'la chica del Él'. A ese pobre papel, sin embargo, suele relegarnos el cine. Somos seres vicarios, sin historia propia, meros acompañantes cuando no -y además- traba e incordio. Como bien dice Teresa de Lauretis, las mujeres aparecen insertas en narraciones donde los héroes, los protagonistas, son otros. No viven en su propia historia sino en una historia ajena. Son sólo figuras, paisajes, pretextos en la narración de un héroe que busca su destino. A veces, el título de la película se presta a engaño. Así ocurre con 'Lucía y el sexo' (Medem, 2001). Lucía es sólo una adoradora de Lorenzo. Una más, pues, en efecto, todos los personajes de mujer se rinden por igual a sus encantos (desde el de Najwa Nimri hasta el de Elena Anaya, pasando incluso por el de la niña que, con sólo verlo en el parque, comprende que ¡oh!, es Él). Un éxito tan arrollador sume a los espectadores en la perplejidad pues el director no consigue mostrarnos dónde reside el arrasador atractivo de su protagonista masculino y no tanto porque no sea guaperas sino porque es aburrido, desagradable, neurótico y, para colmo, escribe textos sólo dignos de un adolescente poco dotado para la literatura. Ya se sitúe la acción en el Imperio Romano ('Gladiador') o en el futuro ('Blade runner', 'La guerra de las Galaxias', 'Matriz'), o en tiempo y lugar indeterminado ('El Señor de los Anillos') ya se trate de seres procedentes de otro planeta ('Superman') o de Murcia, algo no varía: el protagonista de la historia es varón (al igual ocurre en ese anuncio que actualmente publicita una marca de coches). Las consecuencias son muchas y graves. Veamos algunas: 1.-La presencia de las mujeres se constriñe al episodio erótico-amoroso que, en uno u otro momento de la película, vivirá el protagonista. Seguimos recibiendo, pues, una educación sentimental que justifica y explica la existencia femenina sólo en relación con el amor. Nos presentan como marginales respecto al relato. Somos el trofeo del guerrero, su descanso, un peligro añadido, una rémora, una ayuda en el mejor de los casos... 2.-El protagonista puede no ser guapo porque su atractivo reside también en otras muchas claves ligadas a su función en el relato. Pero, sin embargo, la chica siempre es elegida por su belleza física. A veces lo único de ella que se muestra con interés es su cuerpo. De esa belleza depende, pues, tener o no tener presencia en la película. 3.-La representación de las mujeres en el cine está manifiestamente escorada hacia otro exceso: exceptuando nuestro atractivo físico, no sólo carecemos de utilidad sino que a menudo resultamos seres torpes, mezquinos, inútiles, insensatos. 4.-Al acaparar los varones el protagonismo, también lo acaparan los temas que les afectan y les gustan. Y, por el contrario, los temas o asuntos de mujeres suelen olvidarse, desvalorizarse, ignorarse. 5.-Se ningunean nuestras experiencias y nuestra función social. En el cine hay, por ejemplo, muchos más soldados que madres y parece que conducir coches o jugar al fútbol sea más trascendental para los humanos que hacer la comida y cuidar a los hijos. 6.-En definitiva -y por no alargar en exceso la argumentación- resumiré diciendo que el cine nos rechaza como sujetos simbólicos, nos niega una entidad propia y nos da un papel subalterno en el macrorrelato socialmente compartido. -Ejemplos Mediante un análisis práctico hay escenas que muestran: 1-El cuerpo de las mujeres como cuerpo manipulado, troceado y eminentemente cosificado. Esto la cámara lo crea mediante primeros planos estáticos, contemplativos, agresivos a veces. Planos 'voyeurs' que llegan incluso a desmembrarnos visualmente como si lo que importara fuesen los trozos (nalgas, pecho, piernas, boca) pero no el todo (la persona). Analizaremos escenas de 'Pretty woman', 'El beso del sueño', 'Barrio', 'Días contados'. 2-La sexualidad, el erotismo casi exclusivamente en función del sujeto masculino. La cámara cada vez muestra más pero siempre muestra lo mismo: modos, maneras, tiempos, ritmos, etcétera que responden a los fantasmas y a la genitalidad tópicamente viriles. Y, encima, se filma a las mujeres tan felices y satisfechas con eso. Escenas que presentan relaciones eróticas y propaganda masiva e insistente que hace el cine sobre la prostitución. Baste evocar algunas películas como '800 balas', 'Airbag', 'Días contados', 'Los peores años de nuestra vida', la anteriormente citada 'Pretty woman', 'Historias del Kronen',... 3-Las mujeres como seres episódicos. Somos el trofeo del guerrero, su descanso, una rémora, una ayuda en el mejor de los casos... Abundan los personajes femeninos caprichosos, incongruentes, absurdos, torpes, inútiles. Los protagonistas masculinos tienen que tener mucha paciencia para soportar esos seres que resultan ser casi siempre, un peligro añadido. Lo podemos ilustrar con algunos ejemplos de películas tales como 'Seis días y siete noches', 'Indiana Jones', 'Mentiras arriesgadas'. 4-La falta de verosimilitud, el desprecio hacia la realidad de las mujeres, la manipulación y la falsedad con la que se representan los problemas que nos afectan, incluso en aspectos tan graves como el de la violencia de género. Asombra comprobar cómo directores unánimemente catalogados como hombres progresistas, son, en este aspecto tan cavernícolas como Ozores. Veremos escenas de 'Barrio', de 'Siete mil días juntos', 'Kika'. También son objeto de análisis escenas que reflejan una mirada más equilibrada y menos maniquea, películas que recogen la variedad y la intensidad de las vidas de mujeres, las realidades que vivimos y los diversos terrenos simbólicos que pisamos. Por ejemplo, escenas de 'Guerreros de antaño', 'Flores de otro mundo', 'Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto', 'El silencio de los corderos'. -Otro género de mirada Conviene recordar lo mucho que hemos avanzado las mujeres en pocos años pero también conviene tener presente lo mucho que nos queda aún por conquistar. Baste con evocar el feroz rosario de crímenes y torturas que tantas mujeres siguen sufriendo. Baste con considerar la permisividad social (cuando no complacencia) con la que se aceptan aún tales barbaries. La normalidad con la que se vive el hecho de que sean las mujeres las que sirvan (en todos los terrenos) a los hombres. La tranquilidad con la que se acepta que los órganos de prestigio, de gobierno y decisión estén acaparados por varones. Son manifestaciones de una determinada educación sentimental que nos relega a papeles vicarios, espolea el sadismo contra las mujeres, justifica este estado de cosas y nos condiciona íntimamente para que lo aceptemos. A las mujeres se nos sigue diciendo que hemos de amoldar nuestro guión de vida al guión de otro. Es, sin duda, una locura. Ya que, como dice Celia Amorós 'el diálogo es incompatible con la abnegación, con la no determinación del propio espacio que, además, suele doblarse con la invasión del ajeno'. Estamos en un momento crucial pues, como ya he señalado en otras ocasiones, 'hemos conquistado la conciencia de nuestra igualdad pero todavía hemos de conquistar el sentimiento de nuestra igualdad'. El papel de la ficción audiovisual en general -y del cine en particular- es determinante hoy en día para urdir y sustentar cualquier entramado simbólico y emocional. También lo será para cambiarlo. Pongamos, pues, nuestras esperanzas en las creadoras -principalmente en guionistas y directoras-. Considero difícil que ellas hagan películas que resulten tan 'de mujeres' como resultan tan 'de hombres' las que suelen hacer los directores. Es casi imposible (y, todo hay que decirlo, indeseable) que alcancen el nivel de egolatría que muestran filmes como los que llevo mencionados hasta aquí y que constituyen sólo una pequeña muestra ('Lucía y el sexo', 'Gladiador', 'Blade runner', 'La guerra de las Galaxias', 'Matriz', 'El Señor de los Anillos', 'Superman'). No olvido que existen magníficas películas realizadas por hombres, pero creo que son las mujeres las que aportan y aportarán cada vez en mayor medida una mirada novedosa e inédita. Ellas conseguirán fisurar una educación sentimental que nos atenaza con su maniqueísmo. Ellas conseguirán dinamizar este pobre horizonte simbólico que alicorta nuestros sueños. Las mujeres del cine ayudarán a mover el mundo. Fdo. Pilar Aguilar Escritora y crítica de cine Fuente: Revista Fundación AVA

revista la otra pagina © Laotrapagina.com | Queremos que este sea un lugar propio en el que todo aquello que tenga relación con la mujer pueda ser escrito y publicado, comentado y debatido; también criticado, con buenas prácticas.
Desarrollo web: Olivier Bertoncello Data Consulting
Domingo 22 de octubre de 2017 - 02:54