31 de Enero de 1986
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1986: ¿Seguirán siendo las mujeres maltratadas?/ y 3

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El Problema de los malos tratos a las mujeres ha sido y es de gran magnitud. Quizás ahora existe una mayor conciencia social al respecto, tanto por parte de las mujeres que individualmente deciden denunciar las agresiones de las que son objeto, como por parte de diferentes colectivos. Y es patente la necesidad de adecuar la ley y agilizar toda la maquinaria burocrática para que de forma efectiva, se puedan resolver las situaciones críticas y urgentes en que se encuentra toda mujer maltratada. En algunos momentos se puede tener la tentación de creer que estos años que transcurren son realmente civilizados y democráticos y que con la desaparición de la esclavitud también desaparecieron los malos tratos entre el género humano. Pero actualmente, las agresiones a las mujeres son una realidad imposible de ocultar aunque a veces, nuestro mal denominado civismo tienda a silenciarlas. Quizás, al oír "malos tratos" la asociación inmediata sea la de pensar en situaciones de violencia extrema: asesinatos, violaciones, etc. Es cierto que esto ocurre y no por ello hay que olvidar que los malos tratos se dan de otras muchas formas, no tan escandalosas, pero no por ello menos denigrantes. Tampoco se debe creer que los malos tratos afectan tan sólo a un sector determinado de mujeres y que se manifiestan, únicamente, en situaciones críticas. Toda discriminación supone un mal trato, y el sistema patriarcal en que vivimos, por principio, discrimina a la mujer. Los malos tratos tienen un trasfondo educacional que origina la reproducción de patrones subculturales; si desde la infancia el niño ve cómo el padre maltrata a la madre, se habituará a este comportamiento obrando en consecuencia en cuanto se le presente la oportunidad. A su vez la niña interiorizará el papel de sumisión llegando incluso a creer que ésta es la actitud normal. Pero todo ello habría que englobarlo en el conjunto de manifestaciones de una educación sexista, reforzada por una actitud exterior al individuo, y por unos medios de comunicación que potencian todo este sistema. La ley y su paradoja La legislación también ha tenido un papel determinante en la medida en que ha controlado la vida de las mujeres y ha ido creando unas pautas sociales de comportamiento; todo ha sido paso a paso regulado. Incluso un derecho natural como es la maternidad, debe darse dentro de unos cauces legales. El parir fuera del matrimonio resta "honorabilidad" a la mujer que se ve criticada socialmente por no haber seguido la norma que determina cuál es su honor; honor, que como concepto, ya está determinado y es ajeno a las creencias personales. Hasta la Constitución de 1978 la mujer no era sujeto, sino objeto de derecho. Las leyes determinaban cuál era su dignidad y cómo debía ser su relación dentro del matrimonio: una relación casi feudal de obediencia versus protección. Paradójicamente, desde el 78 seguimos igual. Hay una Constitución que en su artículo 14 dice que "todos los españoles son iguales ante la ley sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo…" pero esto no es más que una mera declaración pragmática. Los malos tratos son una realidad resultante de una discriminación, de una violencia de sexo que siempre converge en la mujer. Las cifras son significativas En un estudio que realizó el Ministerio del Interior durante 19 meses en 12 ciudades españolas, representando el 23% de la población, fueron recogidas 25.000 denuncias por malos tratos. Los últimos datos que ha obtenido el citado Ministerio referidos a los meses de enero a abril del año 1985, limitados únicamente a los malos tratos dentro del matrimonio, revelan que la media de denuncias es de 1.200 mensuales, aproximadamente, lo que es muy significativo si se tiene en cuenta que normalmente no es la primera agresión la que se denuncia. Existen también cifras que evidencian la gravedad a que pueden llegar los malos tratos: de 1976 a 1983, hubo 250 mujeres asesinadas, 183 por el marido, 43 por el novio y 13 por el padre. Es importante constatar que la mayoría de estos asesinatos se cometieron en el domicilio de las víctimas. En el territorio nacional, y también según datos presentados por el Ministerio del Interior, las denuncias referidas a delitos contra la honestidad, donde se incluyen violaciones, han tenido un crecimiento considerable: concretamente del año 1983 a 1984 el aumento ha sido de 4,93%. La ley tipifica los malos tratos considerando los delitos contra la integridad física (lesiones), los atentados contra los derechos fundamentales (delitos contra la libertad sexual) y las coacciones. Pero no se puede olvidar la existencia de malos trastos psicológicos y todo mal trato, ya sea físico o psíquico, afecta profundamente a la mujer haciéndola padecer síntomas de baja autoestima, sentimientos de culpa, depresiones, somatizaciones, desplazamiento exagerado hacia los hijos y un obstáculo a la hora de plantearse metas e intereses personales. Hay una tendencia a creer que los malos tratos se dan únicamente en ciertas clases sociales y en situaciones concretas. Sin embargo, la reproducción de patrones subculturales no sólo afectan a las clases económicamente débiles, ni es el alcoholismo un factor exclusivo y determinante de los malos tratos que no suceden siempre en situaciones marginales, sino que se producen independientemente de la clase social, de la ideología y del nivel intelectual. El hecho de que los malos tratos, cuando afectan a sectores de población de estatus social más elevado, no se evidencien en forma tan clara como cuando afectan a sectores de posición inferior, es debido a la necesidad de mantener intacta una imagen pública imprescindible para no perder los privilegios adquiridos. Tampoco la ideología ni el nivel intelectual son factores que determinen la inexistencia de los malos tratos; hay cientos de denuncias que demuestran lo contrario: -Citemos por ejemplo el caso de M.P. de 39 años de edad, profesión liberal, 14 años de matrimonio que presenta denuncia contra su marido, también de profesión liberal, por rotura de tabique nasal. Inició trámites de separación, y posteriormente divorcio que no llegó a realizarse. Hubo amenazas por parte del marido de quitar la custodia de los Hijos. -J.M. de 17 años de edad, fue estrangulada por su novio al no querer éste posponer en dos años la fecha de su boda, como J.M. había sugerido. Fue condenado a dos años de prisión al estimar el juez que realmente "no quería hacerlo". - R.A. de 43 años, ama de casa con cinco hijos, en el curso de los últimos seis años ha presentado ocho denuncias contra su marido de 46 años de edad, obrero no cualificado, por las continuas agresiones de éste, tanto en su personas como en las de sus cinco hijos (el menor de dos años y medio fue hospitalizado debido a dificultades respiratorias originadas por las rotura de dos costillas). R.A. continúa viviendo con su marido por las dificultades económicas que originaría una separación. El problema de los malos tratos trasciende, con mucho, a cualquier intento de delimitación. Denunciar: un paso necesario Denunciar un mal trato supone, en muchas ocasiones, una barrera difícil de superar debido también a la crítica situación personal en la que se encuentra la mujer, como al gran número de dificultades con las que se tropieza a la hora de presentar dicha denuncia. Es digno de resaltar cómo en algunas capitales de provincia los juzgados de guardia no son juzgados de guardia… a partir de cierta hora de la noche dejan de funcionar, alegando la falta de "una infraestructura adecuada" (entiéndase que no tienen camas). Aun considerando todo este cúmulo de trabas, el hecho es que se está produciendo un cambio de actitud; el número de denuncias va en aumento, y si bien no corresponde a la cifra real de agresiones existentes, supone un considerable avance. La mujer va perdiendo el miedo, incluso las denuncias contra la libertad sexual dentro del matrimonio se van incrementando. Esto supone, además de un avance positivo que merece la pena constatar, el inicio de ruptura con una ideología impuesta e interiorizada, incapaz de concebir la violación dentro del matrimonio. Es destacable, a este respecto, la primera sentencia condenatoria por abusos deshonestos dentro del matrimonio, dictada por la Audiencia Provincial del Bilbao en enero del año 1985. Sin embargo, el objeto de estas denuncias y la eficacia de la ley pueden considerarse desde otro punto de vista, y en este sentido, los profesionales manifiestan el desesperante problema de la lentitud: los procesos se hacen larguísimos y las penas, en algunos casos, son francamente absurdas; en juicios de faltas bien puede imponerse una multa, o como pena máxima el arresto domiciliario de 30 días. No es fácil imaginar la finalidad de esta sanción y sería una ingenuidad pensar que los 30 días de arresto fueron ideados para que el matrimonio disfrutara de una agradable convivencia y llegase a limar sus "pequeñas asperezas"; por el contrario, su fin se escapa a los límites de cualquier imaginación lúcida. ¿Cabe pensar una situación más surrealista que aquélla en la que convivieran, en una misma celda, agresor y agredido…? Ante estas penas "ejemplares" cabría preguntarse cuál es la utilidad de presentar una denuncia. Y si en este momento los resultados no son todo lo coherentes que debieran ser, no hay duda de que un aumento de estas, supondría un cambio educacional, cultural y cívico, cambio que resultara decisivo para adecuar la legislación a este problema en concreto. En algunas ocasiones las demandantes llegan a retirar las denuncias, lo que puede ser debido a la larga duración de los procesos, pero principalmente, a las coacciones que durante este período sufren y a las amenazas de muerte que reciben. Esto da una idea del estado de indefensión total en que se encuentra la mujer que perdona haber sido agredida y retira la denuncia. Otro motivo que con frecuencia influye en la decisión de presentar o retirar una denuncia es el chantaje referido a la custodia de los hijos, chantaje que utiliza el marido con el fin de retener a la mujer en el hogar. Asimismo existe el miedo al entorno social y las presiones familiares: no está bien visto la ruptura del matrimonio y se considera como obligación de la mujer soportar hasta situaciones límites. Otro factor a tener en cuenta sería la dependencia económica que la esposa tiene del marido. La educación ha sido enfocada para que la mujer sea ama de casa y ha tratado de hacerla creer que el eje central de su vida es el matrimonio. La dificultad de independizarse económicamente y la sensación de vacío que puede suponer la pérdida del entorno familiar, cuando en muchos casos se carece de otras expectativas, explica por qué razón se retiran las denuncias, y por qué, en muchos casos incluso, no llegan a presentarse. Fdo. MS y SN. Publicado en: Punto y Hora el 31 de Enero de 1986

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