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EL HONOR DE LOS HOMBRES LO PAGAN LAS MUJERES [y 2]

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Hace tres años una joven fue violada por cuatro hombres de su pueblo. Fue violada porque su hermano "había mantenido relaciones" con una mujer mayor que él. Fue violada porque el "consejo del pueblo" así lo dictaminó. Y fue violada, una y otra vez, por aquellos cuatro hombres mientras cientos de lugareños y lugareñas no hicieron nada por impedir aquél macabro atropello. Cuando estos tipejos quedaron saciados, la joven fue obligada a caminas hasta su casa desnuda. El súmmum del desprecio. Alguien le tendió un trozo de tela para que se cubriera su dolorido cuerpo.

A Free Woman By NICHOLAS D. KRISTOF Published: June 19, 2005 - OP-ED COLUMNIST – THE NEW YORK TIMES After the Pakistani government tired of kidnapping Mukhtaran Bibi, holding her hostage and lying about it, I finally got a call through to her. Pakistani officials had just freed Ms. Mukhtaran and returned her to her village. She was exhausted, scared, relieved, giddy and sometimes giggly - and also deeply thankful to all the Pakistanis and Americans who spoke up for her. 'I'm so thankful to everyone that they keep a woman like me in mind,' she said fervently. Told that lots of people around the world think she's a hero, she laughed and responded: 'God is great. If some people think I'm a hero, it's only because of all those people who give me support.' President Pervez Musharraf's government is still lying about Ms. Mukhtaran, saying that she is now free to travel to the U.S. Well, it's true that government officials removed her name from the blacklist of those barred from leaving Pakistan, but at the same time they confiscated Ms. Mukhtaran's passport. Let me back up. Ms. Mukhtaran is the indomitable peasant whom I first wrote about in September after visiting her in her village. Three years ago, a village council was upset at her brother, and sentenced her to be gang-raped. After four men raped her, she was forced to walk home nearly naked before a jeering crowd. She then defied tradition by testifying against her attackers, sending them to prison, and she used compensation money to start elementary schools in her village. She herself is now enrolled in the fourth grade; a measure of her passion for education is that the day after the government released her, she was back in class. Ms. Mukhtaran is using donations (through www.mercycorps.org) to start an ambulance service and a women's shelter, and she is also campaigning against honor killings, rapes and acid attacks that disfigure women. But President Musharraf, defensive about Pakistan's image, regards brutality as something to cover up rather than uproot. So when Pakistani officials learned that Ms. Mukhtaran planned to visit the U.S. this month, they detained her and apparently tried to intimidate her by ordering the release of those convicted for her rape. This wasn't a mistake by low-level officials. Mr. Musharraf admitted to reporters on Friday that he had ordered Ms. Mukhtaran placed on the blacklist. And although Pakistan had claimed that Ms. Mukhtaran had decided on her own not to go to the U.S. because her mother was sick (actually, she wasn't), the president in effect acknowledged that that was one more lie. 'She was told not to go' to the U.S., Mr. Musharraf said, according to The Associated Press. 'I don't want to project a bad image of Pakistan.' he explained. I sympathize. From Karachi to the Khyber Pass, Pakistan is one of the most hospitable countries I've ever visited. So, President Musharraf, if you want to improve Pakistan's image, here's some advice: just prosecute rapists with the same zeal with which you persecute rape victims. Ms. Mukhtaran says she can't talk about what happened after the government kidnapped her. But this is what seems to have unfolded: In Islamabad, government officials ferociously berated her for being unpatriotic and warned that they could punish her family and friends. In particular, they threatened to have the father of a friend fired from his job. Fittingly, the government is facing its own pressures. Government officials have denounced Pakistani aid groups for helping Ms. Mukhtaran, and Mr. Musharraf added that they were 'as bad as the Islamic extremists.' So now the aid groups are threatening to pull out of their partnership with the government. Mr. Musharraf has helped in the war on terrorism and has managed Pakistan's economy well. But in my last column, I reluctantly concluded that he is 'nuts,' prompting a debate in Pakistan about whether this diagnosis was insolent or accurate. After Mr. Musharraf's latest remarks, I rest my case. On Friday, Ms. Mukhtaran told me that one of the prime minister's aides had just called to offer to take her to the United States. It seems Mr. Musharraf wants to defuse the crisis by allowing Ms. Mukhtaran a tightly chaperoned tour of the U.S., controlled every step of her way. 'I said, 'No,' ' she said. 'I only want to go of my own free will.' Hats off to this incredible woman. President Musharraf may have ousted rivals and overthrown a civilian government, but he has now met his match - a peasant woman with a heart of gold and a will of steel. E-mail: nicholas@nytimes.com

Una Mujer Libre Nicholas D. Kristof 19 de junio de 2005 – Op-Ed -Columnista – The New York Times Después de que el gobierno paquistaní se cansara de retener a Mukhataran Bibi, de someter a su rehén y de mentir sobre el caso, conseguí por fin que le pasaran mi llamada.

Los policías paquistaníes acababan de liberar a Mukhtaran y la habían devuelto a su pueblo. Se encontraba agotada, asustada, liberada, eufórica y risueña, además de tremendamente agradecida a todos los paquistaníes y americanos que habían hablado en su nombre.

"Le doy las gracias a todos por haber pensado en una mujer como yo", exclamó con pasión. Tras confesarle que todo el mundo la ve como una heroína, se echa a reír y responde: "Dios es maravilloso. Si algunos piensan que soy una heroína, es gracias a aquellos que me prestaron su apoyo".

El gobierno del presidente Pervez Musharraf continúa mintiendo acerca de este asunto. Ha afirmado que ahora Mukhtaran es libre para viajar a Estados Unidos. Si bien es cierto que los funcionarios han quitado su nombre de la lista negra de los que han sido encarcelados por abandonar Pakistán, al mismo tiempo la han confiscado el pasaporte.

Permítanme ponerles en antecedentes. Mukhtaran es la indomable campesina de la que escribí por primera vez en septiembre después de haberla visitado en su pueblo. Hace tres años, un consejo local había sido ofendido por su hermano y la había sentenciado a sufrir una violación múltiple. Tras haber sido violada por cuatro hombres, tuvo que pasearse casi desnuda ante una muchedumbre que la abucheaba.

Más tarde, desafió a la tradición testificando en contra de sus atacantes logrando así enviarlos a prisión. La compensación económica recibida le sirvió para empezar las clases de primaria en su pueblo, ahora está matriculada en cuarto. Muestra de su pasión por la educación es que el día después de haber sido liberada, ya estaba de vuelta en clase.

En la actualidad, la señora Mukhtaran está utilizando los donativos (en www.mercycorps.org ) para iniciar un servicio de ambulancia y un asilo para mujeres y, además, está haciendo campaña en contra de los asesinatos de honor, las violaciones y los ataques con ácido que desfiguran a las mujeres. Pero el presidente Musharraf, a favor de defender la imagen de Pakistán, ha optado por encubrir la brutalidad en lugar de erradicarla.

Así pues, al enterarse de que Mukhtaran estaba planeando un viaje a Estados Unidos para el mes de junio, los policías paquistaníes la detuvieron y, según parece, trataron de intimidarla ordenando la liberación de los que habían perpetrado su violación. Y el error no fue cometido por los funcionarios de bajo rango.

El presidente paquistaní admitió ante los periodistas que había pedido la inclusión de Mukhtaran en la lista negra. Aunque Pakistán había afirmado que fue ella misma quien había cancelado su viaje a Estados Unidos por problemas de salud de su madre (que resultaron no ser ciertos), más tarde el presidente reconoció que se trataba de una mentira más. "Se le dijo que no fuese" a Estados Unidos, declaró Musharraf, según explica el diario The Associated Press.

"No quisiera proyectar una imagen negativa de Pakistán", explicó el presidente de este país. Me compadezco.

Desde la ciudad de Karachi al Paso de Khyber, Pakistán es uno de los países más hospitalarios que jamás he visitado. Así que, Presidente Musharraf, si quiere mejorar la imagen de Pakistán, le doy un consejo: simplemente persiga a los violadores con el mismo ímpetu que persigue a las víctimas de violaciones.

Mukhtaran dice que no puede hablar sobre lo que ocurrió después de que el gobierno la retuviese. Al parecer, en Islamabad, la policía le reprendió con crudeza por ser una antipatriótica y le advirtieron de que podían castigar a su familia y amigos. En concreto, le amenazaron con echar del trabajo al padre de un amigo.

El gobierno está haciendo frente adecuadamente a sus propias presiones. La policía ha denunciado a los grupos de ayuda paquistaníes por haber ayudado a Kuhtaran. El presidente Musharraf ha afirmado incluso que dichos grupos eran "comparables a los extremistas islámicos", lo que ha provocado que éstos retiren su partenariado con el gobierno.

El Sr. Musharraf ha ayudado en la lucha contra el terrorismo y ha conseguido encauzar bien la economía paquistaní. Pero, en mi última columna, llegué a concluir de mala gana que estaba "chiflado", promoviendo un debate en el país sobre si mi afirmación había sido insolente o apropiada y, tras las últimas observaciones de éste, mantengo mi opinión.

El viernes, Mukhtaran me dijo que uno de los ayudantes del primer ministro le había llamado para ofrecerle llevarle a Estados Unidos. Parece ser que Musharraf pretende calmar la crisis permitiéndole una visita guiada por Estados Unidos controlando cada uno de sus pasos.

"Le dije que no", me explicó, "sólo quiero ir a mi libre deseo".

Quitémonos el sombrero ante esta increíble mujer. El presidente Musharraf consiguió desbancar a sus rivales y derrocar un gobierno civil, pero ahora se encuentra ante su verdadero contrincante: una mujer campesina con un corazón de oro y una voluntad de acero.

e-mail: nicholas@nytimes.com

Traducido por: Eva Justicia

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