Argentina. Primer país latinoamericano en aprobar los matrimonios de personas del mismo sexo
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Un nuevo paso hacia la igualdad

Silvia Cuevas Morales

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Un nuevo paso hacia la igualdad

Ha pasado medio año desde que Argentina se convirtió en el primer país latinoamericano en aprobar los matrimonios de personas del mismo sexo. Celebro y comparto mi alegría con todas aquellas personas que durante años han luchado por conseguir un derecho que hasta ahora se nos había negado. Como miembros de esta sociedad, todos y todas exigimos los mismos derechos, basta ya de que nos traten como ciudadanos y ciudadanas de segunda clase.

Aquel 14 de julio, miércoles, y a pesar de las bajas temperaturas en la ciudad porteña, miles de personas se congregaron en frente del Congreso para seguir las más de 14 horas de debate. Algunas optaron por seguir las votaciones en el Senado en cafeterías, y sin duda muchos amigos y amigas siguieron la sesión desde sus casas. El proyecto fue aprobado por 33 votos a favor y 27 en contra, y tres abstenciones.

Me habría gustado haber estado allí compartiendo ese momento histórico, haber podido abrazar a toda esa gente que saltaba de alegría o que se fundía en emotivos abrazos. Recuerdo aún cuando en el año 2005 el gobierno socialista de España aprobó la ley que permitía a las parejas del mismo sexo tener el mismo derecho que los heterosexuales a casarse, divorciarse y adoptar hijos. Muchos y muchas nos alegramos con aquella noticia, era un paso más hacia la igualdad y además nos llenaba de orgullo convertirnos en el tercer país europeo que por fin reconociera nuestros derechos como ciudadanos y ciudadanas de primera. Seguíamos la estela de Holanda que aprobó la ley en el 2001 y Bélgica en el 2003.

Como era de esperar, en España esta propuesta provocó una fuerte indignación por los sectores más reaccionarios y parte de la Iglesia Católica, cuyo portavoz, Juan Antonio Martínez Camino, no perdió tiempo en advertir sobre el riesgo de “implantar un virus en la sociedad”... Lo mismo ha ocurrido en Argentina donde las jerarquías eclesiásticas se han opuesto férreamente a este avance. Pero sí, el mundo avanza, hacia la libertad y la igualdad y no habrá vuelta atrás.

Aunque todavía existan las mentalidades de la oscura época del medioevo, poco a poco se están quedando solos. Recuerdo los tres argumentos fundamentales que se esgrimieron durante el proceso en España: (1) que va en contra de la naturaleza, (2) que se condena en las santas escrituras y (3) que su aceptación arruinará a la sociedad. Resulta curioso que estos tres argumentos fueran los mismos que esgrimían los que apoyaban la esclavitud y la segregación racial en América y los que se oponían a que las mujeres votaran. Como bien explica, en un excelente artículo, el Dr. Kenneth Cauthen, especialista en religión y ética, los que estaban a favor de la segregación racial predecían todo tipo de catástrofes si personas de diferente color se sentaban juntos o iban a las mismas escuelas, y ni hablar de si se formaban parejas interraciales. Lo mismo se decía si las mujeres obtenían el derecho a votar, a trabajar fuera del hogar, si se atrevían a aceptar puestos tradicionalmente ejercidos por los hombres. Éstos proclamaban que la separación de las razas era natural y por orden divino, y que el sitio de la mujer estaba por debajo del hombre. Hoy en día nadie se atrevería a decir estas cosas (aunque algunos todavía lo piensan). También resulta increíble descubrir que en Estados Unidos los afro-americanos no tenían derecho a casarse hasta el final de la Guerra Civil Norteamericana. Y más increíble aún pensar, que en la tierra de la “democracia”, las parejas interraciales no pudieron casarse hasta 1967.

La civilización avanza, y el grado de civilización de cualquier Estado se refleja en la igualdad de derechos que gozan sus ciudadanos y ciudadanas. No tiene porque importar su opción sexual, que al fin y al cabo es algo íntimo que en definitiva no impide que ningún o ninguna ciudadano/a cumpla tanto con sus derechos como sus obligaciones. Algunos dirán que no se puede comparar la segregación racial o la desigualdad por razón de sexo con la homosexualidad, pero todos estos temas tienen algo en común: la opresión. La esclavitud y segregación racial, la subordinación de la mujer, y la persecución de los homosexuales y lesbianas se parecen en que a todos se les niega su dignidad, su igualdad y sobre todo, se les niega ejercer plenos derechos como cualquier ciudadano.

Ya es hora de que la sociedad avance, la humanidad avanza a pasitos pequeños, pero lo que antes nos parecía imposible hoy puede ser una realidad. Todos los seres humanos, según lo establece la Carta de las Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos, somos iguales. Es necesario pues que tengamos todos y todas los mismos derechos ante la ley. Ya es hora de acabar con siglos de opresión.

Argentina ha dado un gran paso en la lucha contra la discriminación. La aprobación de la ley de parejas del mismo sexo es un logro para las futuras generaciones y es también un homenaje a todas las personas que han sufrido por su opción sexual, a los casi 10,000 homosexuales asesinados por el régimen hitleriano, a los miles de encarcelados y torturados en cárceles del Líbano, Egipto, Arabia Saudita y a todos los homosexuales que sufrieron prisión y persecución en España durante la época franquista. Un homenaje a los miles de adolescentes que cada año se suicidan en diversas partes del mundo porque no tienen a quien acudir, desde Australia a los Estados Unidos, los supuestos países avanzados del mundo.

Argentina ha dado un gran ejemplo a los países vecinos que sin duda tendrán que abordar el tema, porque como bien sabemos, “estamos en todas partes”. Esperemos que muchas otras naciones sigan sus pasos para convertir ese añorado continente, en un continente más justo para toda su ciudadanía, donde todos y todas podamos vivir y amar en completa igualdad y libertad.

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Jueves 25 de mayo de 2017 - 08:51