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LOS MALOS TRATOS Y LA CALUMNIA DEL ENTORNO

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LOS MALOS TRATOS Y LA CALUMNIA DEL ENTORNO

Las noticias de que niños y niñas, mujeres de no importa que edad son atropelladas, violadas, maltratadas, quemadas o asesinada aunque tremendas, ciertas y repetidas a diario con mínimas variantes, no llegan a convocar una protesta implacable de la sociedad. Esta sociedad, nuestra sociedad que reclamaseguridad no incluye entre sus "intereses" los mecanismos necesarios para que las violaciones a niñas y niños, y a mujeres, los maltratos, los asesinatos…dejen de ser considerados una desgracia, un "caso" o consecuencia puntual de algún desvío o arrebato.

Que la Justicia española no está funcionando como Dios manda es una verdad de Perogrullo, máxime si tenemos en cuenta que los maleantes ni llegan a entrar en la cárcel o que cuando lo hacen rara vez cumplen la sentencia completa; que por otra parte muchos juzgados no actúan con la conciencia ni con la celeridad que han de proceder en estos casos es bien sabido tanto por las víctimas como por las personas que las representan en la defensa; y si por ende nos topamos con primates como el señor Rosa pues… El desafío consiste en descubrir y contrarrestar las nuevas fisonomías que adopte el monstruo.

Cuando el informe del Poder judicial nos acaba de explicar que 270.000 sentencias penales están pendientes de ser ejecutadas, entre las que naturalmente se hallan muchas relativas a maltrato a las mujeres y abusos de menores, creo que mi artículo "Malos tiempos para las mujeres" publicado en este periódico el 21 de abril está plenamente justificado.Que una mujer es asesinada cada tres días, que niñas y niños son abusados sexualmente o aparecen muertos y que no existen los medios para proteger a los más débiles, son hechos sobradamente conocidos. Pero al Sr. Isaac Rosa no le emocionan tanto estos dramas cotidianos que afectan a millones de personas como que yo haya tenido el atrevimiento de criticar la custodia compartida de los hijos, aunque en todo su extenso artículo no haya ofrecido ningún argumento a su favor. Pero me acusa de calumniar al entorno de los maltratadores, al igual que el juez Garzón actúa contra el de los terroristas.

La comparación es no sólo disparatada sino fundamentalmente malintencionada. Atribuyéndome la perversa intención de perseguir a todo el que no esté de acuerdo conmigo, anula mis argumentos y reduce los trágicos hechos a una campaña de acoso orquestada por mí.

En su artículo afirma que yo considero que todo el que está en contra de mi criterio, incluyendo a jueces y fiscales y hasta el poder legislativo y el gobierno, se encuentra en la misma línea de actuación que los colaboradores del terrorismo. Pero yo supongo que sabe que la Administración de justicia, la policía, los medios de comunicación y el gobierno, se encuentran precisamente en la trinchera absolutamente contraria a la de los colaboradores de los terroristas. Todas esas instituciones disponen del poder de perseguir, legislar, juzgar, condenar, encarcelar, criticar y difundir las ideas que consideren oportunas. Se trata del poder del Estado para gobernar el país. Y las críticas a su mala actuación pertenecen al derecho democrático de la libre expresión que creo que todavía existe en este momento, en un país que sufrió muchos años por su ausencia. Críticas que no solo yo manifiesto sino que otros periódicos han reproducido recientemente, sobre todo ante el horror de los últimos crímenes contra mujeres y niños, cometidos ante la ausencia de protección que les debe la Administración del Estado.

Frente estos hechos horriblemente ciertos lo verdaderamente penoso es que el articulista escriba que "quienes, estando en desacuerdo con el tratamiento político, judicial y mediático que reciben los asesinatos de mujeres, no se atreven a manifestarlo para no ser señalados como cómplices, o cuando menos de machistas" ya que significa que aún le parecen demasiado duros la ley y los jueces, los políticos y los periodistas en el tratamiento de esta tragedia cotidiana. Por lo visto, desea que se persiga menos el maltrato a mujeres y niños, que no se detenga a los maltratadores y que se absuelva a la mayoría. Pues bien, señor Rosa, eso ya pasa. No sólo los sangrientos sucesos cotidianos de los que son víctimas las mujeres y los niños no han "embotado la capacidad de entendimiento y de protesta de los opositores" a las escasas medidas de seguridad que se han aprobado últimamente, sino que éstos se han organizado en variadas asociaciones de hombres que se califican de maltratados o de separados que tienen páginas webs larguísimas, a las que se accede paradójicamente en cuanto se escribe el tema "violencia contra la mujer", que hacen campaña interminable contra la Ley de Violencia y que aseguran que "miles de hombres inocentes están en la cárcel por las denuncias falsas de sus mujeres".

Le supongo conocedor de la eficaz labor a favor de los maltratadores de su principal valedora María Sanahuja, juez de Barcelona que ha sido durante cinco años Decana de los juzgados de esa ciudad, que ha difundido urbe et orbi la afirmación de que muchas mujeres presentan denuncias falsas de maltrato para perjudicar a su pareja, afirmación refrendada por el fiscal Jefe de Catalunya José María Mena y que ha influido para que cada vez se absuelva a más maltratadores y que después de la absolución los fiscales inicien una serie de procesos contra las denunciantes. No hay programa de televisión que no lleve al debate sobre el tema a algún conocido representante de esas asociaciones de hombres o defensor de la teoría de la señora Sanahuja. Pues bien, a ninguno de ellos se les ha perseguido ni encausado por la justicia por defender semejantes ideas, como se está haciendo con los defensores del terrorismo.

Y sí, tiene razón, señor Rosa, muchos de los casos concluyen con el archivo de las actuaciones o con la absolución del denunciado. Tantos como que el 55% de las denuncias se archivan sin más trámite y de las que prosiguen se condena al 70%, lo que significa el 38% de las denuncias. La totalidad de las absoluciones son por falta de pruebas, porque no hay nada más difícil de probar que el maltrato en el interior del hogar familiar. Por eso la ONU afirma que "el maltrato contra la mujer es el crimen encubierto más numeroso del mundo". Por eso las débiles voces de las feministas han tardado treinta años desde la democracia en España, y miles desde el origen del problema, en lograr una ley que pretende proteger mínimamente a las víctimas. Y tan mínimamente que en la actualidad contamos con más de dos millones de mujeres que son golpeadas habitualmente por el hombre con quien conviven y con cerca de noventa asesinadas cada año. De los niños maltratados, abusados, violados y asesinados ni siquiera tenemos cuentas. De la custodia compartida seguiremos hablando, con su permiso señor Rosa.

Artículo de: Lidia Falcón

Feminista y abogada

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Martes 24 de enero de 2017 - 01:54