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Mujer y modelo (de masculinidad)

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Mujer y modelo (de masculinidad)

La socióloga Marina Subirats manifestaba, con datos empíricos,el pasado 9 de julio en el congreso Internacional Mundo de Mujeres 2008, como el hombre –los hombres- arremete contra el mismo por seguir "ese" modelo de masculinidad y, a la vez, se hacía la siguiente pregunta: "¿Por qué mueren más hombres que mujeres y por qué estos se mueren antes que las mujeres?"

Es cierto que el siguiente planteamiento se está haciendo fuera de contexto pero, no es menos cierto que hay frases que habría que meditarlas y medirlas muy mucho antes de plantearlas en alta voz, porque una podría pensar que las mujeres también somos culpables de que los hombres expresen su masculinidad liándose a leches por cualquier nimiedad y perdiendo la vida, así mismo, al seguir jugando a generales y capitanes en esas guerras declaradas bajo peregrinos pretextos. La transformación de las mujeres no ha sido gratuita y el esfuerzo empleado ha sido demoledor para muchas de ellas. Ellas estaban dispuestas a afrontar el cambio aunque tuvieran que perder… inclusive la vida. Entonces, la pregunta a la que los hombres deben respondercon honestidad es la siguiente: ¿Están dispuestos a perder no la vida sino a compartir su vida y lo que ésta les proporciona en igualdad real con las mujeres?

Es algo patente que todas las personas estamos impregnadas de estereotipos sexistas ya que en nuestra socialización se nos han transmitido como algo natural y como lo que debe ser. Las mujeres no nos hemos sacudido nuestro rol tradicional, intentamos con todas nuestras fuerzas hacerlo. Es algo sumamente complicado cortar con un modelo tradicional que aún seguimos viendo donde vayamos, tanto en nuestra vida personal, en nuestra vida profesional, en nuestro tiempo de ocio… La mujer como sostén fundamental de la familia, la mujer como prudente, como miedosa, con una carga de culpa a la espalda que a veces la hace desmoronar (nos hace desmoronarnos, de hecho).

El pasado nueve de julio de 2008 en un artículo en "El País" leía unas declaraciones de una Catedrática de Sociología llamada Marina Subirats que decía los hombres matan a las mujeres, pero se matan más entre ellos, y esa debe ser una razón poderosa para cambiar". Si exprimimos la frase, podemos encontrar conclusiones nada halagüeñas para nosotras. Los hombres matan a las mujeres, pero se matan más entre ellos… Quitar valor a las mujeres que caen en manos de asesinos que dicen quererlas, de hombres con los que han compartido intimidad, que dentro de una relación las tienen que respetar y cuidar supuestamente (no porque las mujeres seamos frágiles y necesitemos cuidados, si no porque el ser humano, tanto hombre como mujer, necesita dosis importantes de afectividad)… es caer en otra trampa patriarcal. Es cierto que los hombres se matan entre ellos… sin embargo, las muertes por violencia basada en el género son diferentes de otro tipo de muertes: se producen porque determinados hombres piensan que las mujeres somos inferiores, que les pertenecemos, que somos un objeto y que pueden hacer con nosotras lo que quieran. Interesante efecto socializador (que inclina la balanza siempre en contra del mismo lado). No voy a quitar importancia a que algunos hombres se maten entre ellos, pero la frase debería reformularse de la siguiente manera; Algunos hombres matan. No sólo matan a otros hombres, si no que en muchas ocasiones asesinan a mujeres con las que están unidos a través de una relación sentimental que debería presuponer la seguridad física y emocional de esa víctima".

Esta señora continuaba con la siguiente afirmación: las mujeres han analizado y hecho crítica del modelo tradicional que les tocó, y salen a trabajar fuera, juegan al fútbol, repudian aquellas características impuestas, sumisión y obediencia, pero los hombres todavía no han hecho ese viaje, por eso el modelo de guerrero impasible se ha quedado obsoleto". Es importante ser optimistas, pero también realistas. Estamos en ello. La mayoría de las mujeres no han analizado el modelo tradicional que les tocó, puede que critiquen determinados aspectos, pero no han buceado en el modelo tradicional para rechazarlo de plano. De hecho, salimos a trabajar fuera, sí, pero seguimos trabajando dentro, seguimos haciéndonos cargo, casi en exclusiva, de tareas tradicionalmente femeninas como el cuidado de personas dependientes, el mantenimiento del hogar, etc. Jugamos al fútbol, al tenis, al baloncesto, hacemos halterofilia... sí, sin embargo el deporte femenino es vivido como algo marginal, con pocas ayudas, con poca afición y siempre en un segundo plano con respecto al masculino, excepto en "deportes tradicionalmente femeninos" como la gimnasia rítmica o la natación sincronizada (con mi reconocimiento a estas fabulosas atletas). Con el repudio a características como la sumisión y la obediencia… sí repudiamos explícitamente que nos den una orden este fin de semana vamos a tal sitio porque lo digo yo"… es interesante la capacidad de adaptación masculina a través del chantaje emocional es que me gustaría mucho ir, tengo muchas ganas, si no vamos es porque no me quieres…" por lo que terminamos siendo sumisas y obedientes casi sin darnos cuenta de ello.

La señora Subirats dice que las mujeres han ido abandonando ese género femenino, incluso dejando de tener hijos, y ellos no acaban de entrar en el ámbito doméstico". Las mujeres no hemos abandonado el género femenino, muchas de nosotras, afortunadamente, huimos de los roles femeninos tradicionales. Es cierto que hay mujeres que han hecho suyos modelos tradicionalmente masculinos para conseguir puestos de responsabilidad y poder. Esto es cuestión de adaptación. Para conseguir estos puestos tenemos que demostrar que valemos más que algunos hombres, que tenemos capacidad para dirección, dotes de mando… normalmente eres evaluada por hombres… o te adaptas o no alcanzas esos puestos. Es cierto que no es la mejor manera de hacerlo, sin embargo, hay veces en las que no hay más remedio. En cuanto al tema de la maternidad/paternidad, afortunadamente tener descendencia en la actualidad es una elección, no una imposición. Es curioso ver como hay muchas parejas jóvenes en las que él está deseando tener una criatura y ella no quiere. Parémonos a pensar por qué ocurre esto. Es fácil: porque la criatura va a ser para ella, porque el padre de la criatura se implicará lo justo, porque, ¿cuántos hombres están dispuestos a reducir su jornada laboral para cuidar de sus criaturas? ¿A qué tenemos que renunciar nosotras a la hora de tener descendencia? Y ellos, ¿a qué renuncian? De hecho, ellos no sólo no acaban de entrar en el ámbito doméstico, como dice Subirats, si no que este ámbito les repele en una relación hidrófoba parecida a la que tienen el aceite y el agua.

Es cierto que estamos recorriendo un camino arduo y con muchísimos obstáculos. También es cierto que los logros que vamos consiguiendo, por muy pequeños que nos puedan parecer, los hemos ido alcanzando a raíz de auténticas batallas campales. El modelo de masculinidad tradicional se está quedando obsoleto (aún menos de lo que realmente debería), sin embargo, no somos nosotras las que tenemos que decir cómo deben los hombres construir su nuevo modelo de masculinidad. Son ellos, desde una óptica igualitaria, los que deben empezar a adaptarse a las nuevas circunstancias sociales y a perder privilegios arraigados durante siglos en nuestra socialización diferencial. Nosotras sentamos las bases de lo que, en esencia, debe ser: un modelo basado en el respeto. A partir de ahí, son ellos los que deben decidir cómo construirlo y cuándo, es su responsabilidad.

Lola Martín Fernández

Psicóloga Especialista en Violencia Contra las Mujeres

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