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COMPRENDER LA REALIDAD EN CLAVE FEMINISTA

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Parte de mi experiencia en EFETA COMPRENDER LA REALIDAD EN CLAVE FEMINISTA

"La Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia" [comunicado de Juan Pablo II antes de abandonar este mundo terrenal]

Hace algo más de dos años una amiga me comentó que iban a celebrarse en Sevilla unas jornadas sobre Teología Feminista. Mi asombro fue total. Anteriormente yo había estado estudiando durante un largo periodo de tiempo esta disciplina, pero las referencias al feminismo fueron casi inexistentes. Todo se reducía, más o menos, a que me sonaban algunos nombres de teólogas, en su mayoría estadounidenses, que tenían algunos libros publicados en castellano. Eso era todo. Por ello, la idea me pareció genial.

Sin embargo, aunque mi desconocimiento era casi total, sí soñaba con la posibilidad de poder aprender mucho más. Me llamaba la atención que otras mujeres también estuvieran interesadas en esto mismo. Sobre todo, con el tiempo, descubrí que había unas pocas que se dedicaban a la investigación teológica de modo profesional, en centros universitarios. Estas noticias revolucionaban mi imaginación, como cuando supe del trabajo realizado por Mercedes Navarro en la Universidad de Salamanca. Durante dos años tuve el inmenso placer de disfrutar de las clases de Dolores Aleixandre o Elisa Estévez, y también, de vez en cuando, de ver llegar a la biblioteca de la Universidad de Comillas a Isabel Gómez-Acebo que trabajaba durante largas horas con su portátil, mientras yo, de lejos, me fijaba en los libros que consultaba pues sabía que algo tenían que ver con la teología. Más tarde, supe de la existencia de otras teólogas que en mi misma ciudad elaboraban teología, como era el caso de Lucía Ramón.

Así que cuando vi la posibilidad de asistir a las jornadas de Teología Feminista no lo dudé. Allí comencé a tener una ligera idea del recorrido histórico de esta disciplina, de lo que suponía y sobre todo, que era algo que se estaba desarrollando con fuerza. Escuché por primera vez nombres de mujeres tales como Elizabeth Cady Stanton o Mathilda Joselyn Gage que habían arriesgado todo por conseguir un reconocimiento pleno a nivel legal y social. Ellas junto con otras defendieron el derecho al voto y descubrieron que muchas de las desigualdades que padecían se apoyaban en modos erróneos de comprender los textos religiosos. Pero lo mejor de estas jornadas fue que se nos presentó la posibilidad de poder iniciar a través de la red unos cursos de Teología Feminista de un modo sistemático. Sin saber demasiado lo que aquello iba a suponer para mí, decidí inscribirme en EFETA.

Comenzó así un tiempo de estudio riguroso y exigente por las diferentes materias teológicas a las que iba asomándome -gracias a las unidades didácticas de cada una de las profesoras- a los textos de muchas de estas autoras feministas. Se convirtió en un espacio en el que podía pensar, descubrir y escribir al trabajar cada una de estas Unidades pero sobre todo me permitió disfrutar de nuevas perspectivas. No se trataba únicamente de conocer a otras/os autores, que antes sentía inaccesibles y que ahora, por fin, podía leer. Sino que estas lecturas me capacitaban para reflexionar desde otras perspectivas. Entendí que comprender la realidad en clave feminista me permitía valorarla de modo diferente y a la vez, me urgía a buscar alternativas que tenían mucho más que ver con mi modo de ser creyente. Esto supuso una gran revolución. Tanto en el ámbito intelectual como en el experiencial. Había otros modos de nombrar a la divinidad y ello conlleva siempre unas consecuencias políticas determinadas.

Sabía de la existencia de una pobreza que es mucho más desgarradora en el caso de las mujeres. Pero aprendí a ver cómo esta opresión multiplicativa es, a menudo, justificada por estructuras políticas, religiosas y sociales. De ahí que la Teología Feminista crítica pretendiera ser cauce de liberación de estas situaciones.

El estudio en EFETA me está permitiendo también diferenciar teologías elaboradas por mujeres de otras teologías, con marcado acento feminista, insertas dentro de las tradiciones religiosas mayoritarias. Éstas se esfuerzan en rastrear y desenmascarar modos de comprensión que lleven a valorar de modo negativo a las personas y a la vez buscan concienciar y facilitar posibilidades en las que se den un diálogo eclesial entre semejantes.

Esta mirada diferente me ha preparado para una lectura distinta de los textos sagrados y de la Tradición. Ver que hay otros métodos teológicos de acercamiento, que ofrecen interpretaciones variadas e igual de legítimas, y que exigen el rescate de personajes, en su mayoría mujeres, que intencionadamente han sido silenciados. Todo ello me ha hecho cuestionarme sobre mi propio modo de pertenecer y de ser Iglesia.

Así que lo que no hace mucho comenzó como una posibilidad de ampliar mis estudios, más bien los ha puesto primero en cuestión y me ha forzado a verlos desde una perspectiva metodológica novedosa y obligándome como dice, Adrienne Rich, a acostumbrarme a inventar aquello que deseo.

Pero no toda mi experiencia en EFETA se reduce a lo aprendido con cada una de las profesoras y de las unidades didácticas en internet. He conocido, principalmente a través de las Jornadas presenciales, a otras mujeres como son las diferentes Mercedes que trabajan, de modo menos visible, por ejemplo en la secretaría. Ellas se esfuerzan en que este proyecto salga adelante y me han enseñado que parte del éxito de este sueño es el trabajo constante mediante la creación de redes que nos vinculen y potencien. 

Gracias por tener la valentía de poner este proyecto en marcha.

MONTSE ESCRIBANO CÁRCEL, VALENCIA.

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Viernes 28 de julio de 2017 - 21:04