Noticia anterior

Permiso de paternidad obligatorio

Noticia siguiente
Permiso de paternidad obligatorio

por María Telo

 

El que hayamos llegado hoy a poder pedir permiso de paternidad obligatorio para llegar a alcanzar la igualdad efectiva entre el padre y la madre en el cuidado de los hijos recién nacidos, nos hace pensar en el largo camino recorrido con anterioridad hasta lograr la igualdad legal dentro del matrimonio.

Fue ésta una larga tarea que no se le pudo dar el golpe de gracia hasta la segunda mitad del siglo XX. Tan larga que creo existió desde los comienzos de nuestra civilización, pues nunca faltaron voces de alguna mujer ilustrada o de algún hombre que denunciasen la injusticia, pero pronto caía en el olvido y no se le volvía a prestar atención.

La soltera también sufría alguna restricción pero la que perdía totalmente su personalidad, su capacidad de obrar, era la casada, la cual desde el mismo momento de contraer matrimonio pasaba a ser una menor, y el mismo Código Civil lo recogió muy claramente en su artículo 1263 que situaba a la mujer casada, entre los menores, los locos o dementes y los sordomudos que no sabían escribir.

El Código Civil era el lugar sagrado, el arca santa donde se encerraba la esencia viva del patriarcado, la 'autoridad marital'. Todo se podía discutir más o menos abiertamente, más bien denunciar, más o menos abiertamente, siempre que quedase a salvo esa autoridad; pero es que esa 'autoridad' lo mediatizaba todo a través de la licencia marital y de la obediencia al marido, pues alcanzaba a todos los actos de la vida de la mujer.

Se podían conceder derechos políticos, profesionales, de trabajo, etc., pero la sombra siempre estaba allí.Como ocurrió con la Ley de 15 de julio de 1961. Podías ejercer todos esos derechos, profesiones, etc., si tu marido te daba licencia, licencia que podía retirar en cualquier momento, organizando con ello una catástrofe en la vida de la mujer, principalmente si era comerciante.

A pesar de que el Código nació ya viejo, (casi 100 años después del de Napoleón en Francia), los primeros cambios los introdujo la República, con la Ley de Divorcio de 2 de marzo de 1932, pues mejoró en mucho la situación de la casada en trámite de divorcio, dejando de ser el domicilio conyugal la casa del marido y facilitando que la viuda no perdiese la patria potestad sobre sus hijos al volverse a casar.Y todos sabemos como terminaron las reformas de la República, borradas de un plumazo por la dictadura.Y vuelta a empezar; ya estábamos otra vez en el 1889.

A las mujeres nos ha costado sudar gotas de sangre llegar al punto en que hoy estamos.Parte se consiguió en época franquista. Fue así y no lo podemos cambiar. No íbamos a esperar a que cayese el dictador para pedir nuestros derechos. Yo cuando vi una oportunidad la aproveché y bastante me costó en todos los órdenes. No creo que encima sea motivo de vergüenza.Nuestra política debe de ser la política feminista, que está por encima de todas las políticas.

El derecho es el que a través de sus leyes recoge y regula convenientemente la evolución social cuando la política se lo permite.

La política trata siempre de controlar esa evolución; pues es consustancial con ella el tener miedo a los cambios, sin alcanzar a ver, o no queriendo ver que cuando no se avanza se retrocede, siendo a veces ella misma quien provoca ese retroceso al dictar normas represivas o solamente medidas que lleva a él.Pero como ya he dicho en otras ocasiones, la sociedad es un organismo vivo, con vida propia, y su evolución es un hecho que ninguna ley puede detener, pero sí retrasar.El derecho no debe de ser nunca un molde en forma de ley, sino un cauce por donde transcurra la vida, sin levantamiento de diques, ni establecimiento de presas que antes o después se van a sobrepasar.

La adaptación del Derecho de Familia a la evolución social se dejó sentir en el siglo XX en todos los países llamados occidentales, pues sin duda después de siglos había alcanzado su madurez, pero mientras que para algunos la asimilación se produjo lentamente, para otros fue una verdadera carrera de obstáculos, como en el nuestro a causa de la larga dictadura.

Al ser derrocada la República tras dura, larga y sangrienta guerra civil, la dictadura cerró filas y como dije antes de un plumazo borró cuanto aquella había conseguido, poniendo nuevamente en vigor viejos principios de los Códigos Civil y Penal de la vieja monarquía.Volvimos al pasado. El artículo 428 del Código Penal restableció nuevamente la llamada 'Venganza del Honor', que con solo pena de destierro, permitía al marido matar a su mujer y al hombre que yaciese con ella si eran cogidos en flagrante delito de adulterio; y al padre matar a su hija menor de edad y a su corruptor si eran sorprendidos en análogas circunstancias. ¿Y hasta cuándo estuvo esto en vigor? Hasta el año 1963, 21 de marzo.Yo misma cada vez que lo digo me quedo sorprendida, de que fuese hasta época tan cercana.

Por otro lado el Código Civil permitía al padre dar sus hijos en adopción sin consentimiento de la madre, con lo cual ella podía encontrarse sin hijos de la noche a la mañana.Y esto fue así hasta el año 1970.

La primera reforma seria del Código Civil lo fue en el año 1958 y mejoró la situación de la casada en trámite de separación.Recogió (sin decirlo), muchas de las ventajas de la Ley de Divorcio de la República. El domicilio de la familia dejó de ser otra vez la 'casa del marido', para pasar a ser el domicilio conyugal; desapareció el depósito de la mujer en tanto duraba el proceso de separación, y la mujer viuda recuperó el derecho de conservar la patria potestad sobre sus hijos al contraer segundas nupcias, en lugar de ostentarla su segundo marido.

Para mí lo más importante de esta Ley, que fue promocionada por la abogada y escritora Mercedes Fórmica, es que abrió brecha en el omnímodo poder del marido, al ser obligado éste por primera vez en la historia a pedir permiso a su mujer para vender bienes o establecimientos mercantiles, que fuesen gananciales.

Pasaron 11 años, hasta que a mí se me presentó la ocasión de comenzar una lucha por la reforma de lo que quedaba, que era TODO con respecto a la mujer casada.

Como dije en un artículo que se publicó en ABC el 18 de enero de 1998 (por haberse negado a hacerlo El País).Decía: 'Sin licencia marital la mujer no podía trabajar, ni cobrar su salario, ni ejercer el comercio, ni ocupar cargos, ni abrir cuentas corrientes en bancos, ni sacar su pasaporte, ni carné de conducir, etc. Si contraía matrimonio con extranjero perdía la nacionalidad española y era considerada como extranjera -aunque no saliera en su vida de España-; entonces se le extendía carta de residente y perdían eficacia sus estudios; no podía ser funcionaria y necesitaba permiso para trabajar.Sin permiso de su marido no podía recibir herencias, aunque fuesen de sus padres, ni pedir su partición, ni ser albacea; ni ser tutora, ni defenderse en juicio ante los Tribunales, (salvo en juicio criminal), ni defender sus bienes propios; ni vender o hipotecar estos bienes; ni disponer de bienes gananciales más que para hacer la compra diaria, aunque los gananciales procediesen de su sueldo o salario.

Por el contrario, el marido podía disponer libremente de los gananciales (salvo inmuebles o establecimientos mercantiles) y ella no tenía derecho, más que a recibir la mitad de lo que quedase al fallecer él.

Estaba obligada a seguir al marido dondequiera que él fijase la residencia.

No tenía patria potestad sobre los hijos hasta que muriese el padre, e incluso él podía darlos en adopción sin permiso de ella.

Y como dije, parece que esto nunca existió o que se hizo solo.

La reforma está contenida en leyes, y para conseguir estas leyes fuimos muchas las mujeres juristas que trabajamos años hasta la extenuación, sin ayudas ni subvenciones, primero unas pocas desde una Comisión de Estudios Jurídicos y luego desde la Asociación Española de Mujeres Juristas, ambas fundadas y presididas por mí. Divulgábamos el Derecho y conseguimos que por primera vez la mujer entrase en la Comisión de Codificación donde se estudiaba la reforma.

La primera etapa de esta reforma culminó en la Ley de 2 de mayo de 1975.Costó seis años de lucha y con ella la mujer por primera vez en la historia alcanzó estatus de persona, pues adquirió capacidad de obrar, al desaparecer la licencia marital y la obediencia al marido.Dejó de ser la eterna menor.

Con esta ley, todas las discriminaciones antes enumeradas desaparecieron, quedando para una segunda etapa dos, la administración conjunta de los bienes gananciales, y la patria potestad compartida.

Para esta segunda etapa de la reforma ya no se necesitaba tanta lucha, pues el camino estaba trillado y con la muerte de Franco todo era diferente. En 1978, nuestra Constitución, nuestra Carta Magna tan esperada después de 40 años de dictadura, declaró la igualdad absoluta de sexos.

En la Comisión de Codificación seguimos estudiando la reforma y otros anteproyectos, como la mayoría de edad a los 18 años, las clases de matrimonio -civil y canónico; y el divorcio, que fueron base de los debatidos en las nuevas Cortes Españolas, dando lugar a las leyes de 13 de mayo y 2 de julio de 1981.

Desde 1975 inclusive, los grupos feministas que habían aflorado ese año con gran fuerza desarrollaron una labor muy eficaz y persistente, sobre todo para la reforma del Código Penal, desapareciendo delitos que tenían a la mujer sojuzgada, humillada y presionada, como eran el adulterio, que era delito para la mujer siempre y para el marido sólo si tenía manceba en casa o con escándalo fuera.El aborto era condenado en todo caso sin admitir excepciones, aunque había reducción de pena cuando lo cometía la mujer o sus familiares para salvar la honra, lo que era también aplicable en caso de infanticidio. La prohibición de venta de anticonceptivos que obligaba a la mujer a tener hijos no deseados, induciéndola al aborto e impedía la planificación familiar. La violación, que sólo contemplaba la de la mujer de forma restringida. El llamado estupro, enfocado de forma muy humillante para la perjudicada.Toda esta situación se fue dignificando y contemplando desde un punto de vista del ser humano y no por sexos.

Hoy podemos decir que hemos conseguido la igualdad jurídica pero no la igualdad de hecho.Las leyes, van regulando la vida de la sociedad según evoluciona, contribuyendo a veces a impulsarla en esa evolución, obrando otras de factor retardatario. Por eso hemos de estar muy atentas a lo que se legisla, para evitar que de forma subrepticia se nos induzca a volver hacia atrás, con razonamientos caducos o protectores de la mujer o de la familia, que tenemos tendencia a aceptar como normales, dada la proximidad de nuestro cambio de vida.A los Estados no les interesa mucho que la mujer se independice totalmente, sobre todo a ciertos niveles, pues con su trabajo en el hogar son millones y millones los que ahorran en sus presupuestos.

Es necesario cambiar las mentalidades, del hombre y de la mujer, pues hoy por hoy, una mayoría abrumadora de hombres de consideran con derecho a disponer libremente de sus vidas como si no tuviesen hijos.A veces los jóvenes al comenzar su vida en común planifican la vida doméstica que tendrán en el futuro, pero sin darse ellos cuenta que esa planificación al final quedará rota. Los empresarios están acostumbrados a disponer de sus trabajadores hombres como si de algo propio se tratase. Un buen día les ofrecen un ascenso, unas mejoras salariales apetecibles y el hombre las acepta y su mujer también, pues ¿cómo impedir que su marido se promocione, cuando de ello va a salir un beneficio para la familia? Con lo cual ella comienza a decaer, a buscar trabajos a tiempo parcial poco cualificados o trabajos de distracción que no le roben el tiempo para atender al marido y a los hijos si los hay, terminando a veces por dejarlo todo para atender a la familia. Aquella planificación quedó en la nada.

Se dice constantemente que es una preocupación del Gobierno el paro de la mujer y que, el tanto por ciento de la mujer que trabaja en España sea muy inferior al de otros países europeos, pero no se ponen los medios adecuados para que esto se remedie.Los horarios de trabajo, los de los colegios de los hijos y los de los comercios no están sincronizados, no se promociona la existencia de servicios comunes, de guarderías y centros de día para mayores con horario adecuado, y cuanto tienda a facilitar la vida para que la mujer trabaje. Se dice que el hombre tiene que ayudar a la mujer en las tareas del hogar y todos los programas de televisión y los anuncios siguen siendo tendenciosos para que la mujer se quede en casa.Es ella siempre la protagonista de las tareas domésticas, y cuando lo es algún hombre siempre aparece con cierto acento poco serio.

Por eso el conseguir que el permiso de paternidad sea obligatorio, me parece una medida muy sabia para romper esa complicidad masculina entre empresario y trabajador.Los empresarios, y la sociedad en general, han de comprender que tanto el hombre como la mujer son seres humanos, que no son máquinas; que tienen hijos, y ambos tienen la obligación y el derecho, de cuidarlos y disfrutar de su compañía en los primeros tiempos de su vida.Y que si esto comporta un cierto perjuicio para la empresa, no se puede saldar haciendo recaer la carga sólo sobre la madre en perjuicio de su trabajo y reservándose el trabajo del padre en su propio beneficio.

Es una medida muy mentalizadora, pues al ser obligatoria creará costumbre, y al cabo de cierto tiempo se considerará normal y abrirá camino a otras igualdades.

Maria Telo ofreció esta ponencia en el Instituto Cervantes el 23 de Noviembre de 2005

Fotografía: Silvia Cuevas

fuente: www.federacionjuristas.org/

 

 

María Telo

Hace sólo 25 años que en España una mujer, sin el permiso expreso de su marido, no podía trabajar, ni cobrar salario, ni ejercer el comercio, ni ocupar cargos, ni abrir cuentas corrientes, ni sacar el carné de conducir, ni siquiera poseía personalidad jurídica propia.

Gracias al trabajo de mujeres como María Telo se pudo conseguir una reforma del código Civil que anuló esta situación que relegaba a las mujeres a un estatus legal Jurídico idéntico al de los menores y los minusválidos psíquicos y que las obligaba a obedecer al marido por imperativo legal.

María Telo nació en Cáceres en 1915. En 1932 comenzó la carrera de Derecho en la Universidad de Salamanca, estudios que se vieron interrumpidos hasta 1940 al estallar en nuestro país la guerra civil. En 1944, a pesar de la negativa del Jurado que la examinó, se convirtió en la primera mujer miembro del cuerpo técnico de Administración Civil del Ministerio de Agricultura y también fue la primera mujer en España que ocupó una Jefatura de Sección.

En 1952 ingresó en el Colegio de Abogados de Madrid y ejerció la profesión durante 40 años. Durante años trabajó, sin ayudas ni subvenciones, primero desde la Comisión de Estudios Jurídicos y más tarde desde la Asociación Española de Mujeres Juristas ambas fundadas y presididas por ella. En 1969 puso en marcha un Consejo Abierto en la Federación Internacional de Mujeres Juristas, que trajo a España, por primera vez en toda la dictadura franquista, a las delegadas de los países comunistas del Este de Europa. Su ponencia en este Consejo, titulada 'La Mujer en el Derecho Civil', sentaría las bases para el inicio de su lucha personal en pos de conseguir una reforma del código Civil. María Telo inició una corriente de opinión favorable a la reforma del Derecho de Familia y se encargó de elevar la petición de revisión de estas leyes hasta el Ministerio de Justicia.

Entre 1971 y 1975 consiguió que cuatro mujeres, entre las que se contaba ella, entraran por primera vez a formar parte de la Comisión General encargada de revisar el código Civil y durante cuatro años revisaron y analizaron todos los artículos relativos al Derecho de Familia, consiguiéndose finalmente anular la licencia marital y todos los recortes de libertades de las mujeres previstos en el código Civil, colocándola en un plano de igualdad legal con el marido.

Durante su más que brillante carrera profesional ha recibido los siguientes galardones:

La Cruz distinguida de primera Clase de San Raimundo de Peñafort, del Ministerio de Justicia.

 

La Medalla al Mérito de la Doctora Pérez Perozo, fundadora de la Federación Venezolana de Abogadas, en 1978.

 

Premio Mujer Progresista 1995 de la Asociación de Mujeres Progresistas, en 1976.

Condecoración de la Federación Latinoamericana de Abogadas, en 1996 'como testimonio y reconocimiento a su solidaridad para las abogadas y mujeres de carreras jurídicas, en las luchas por obtener verdaderos espacios de Igualdad, Justicia y Paz para la humanidad y por su esfuerzo al contribuir a la evolución de las Instituciones del Derecho'

 

revista la otra pagina © Laotrapagina.com | Queremos que este sea un lugar propio en el que todo aquello que tenga relación con la mujer pueda ser escrito y publicado, comentado y debatido; también criticado, con buenas prácticas.
Desarrollo web: Olivier Bertoncello Data Consulting
Domingo 26 de marzo de 2017 - 03:28