LA ÉTICA FEMINISTA DE LOS CUIDADOS, EN LA PAZ Y EN LA GUERRA

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Aportaciones de la red internacional de Mujeres de Negro LA ÉTICA FEMINISTA DE LOS CUIDADOS, EN LA PAZ Y EN LA GUERRA

La justicia, los Tribunales y la memoria femenina

En una de las conclusiones tras varios talleres sobre la justicia transicional, alguien transmitió la idea de que en los conflictos largos hay que tener memoria de la historia, tener los datos. Y es que el movimiento de mujeres contra la guerra no consiste sólo en una reacción emocional puntual ante las acciones guerreras. El movimiento tiene organizaciones permanentes que re-conocen la historia, valoran los procesos y son capaces de adaptarse a las distintas fases del pre-conflicto, los conflictos y el post-conflicto. Y en todos ellos hay una especie de hilo de continuidad, muy fino, en el que permanece cada uno dentro de las fases en las otra/os.

Por ejemplo en Colombia actualmente, cuando ‘oficialmente’ ya no hay una ‘guerra’ y sin embargo sigue existiendo el conflicto armado, al tiempo que sus consecuencias, la verdad y la justicia aún se sigue buscando soluciones. Decía Yolanda Becerra de la Organización Femenina Popular de Colombia que la ONU podría hacer algo a partir del Pacto de Nairobi[1], de las directrices internacionales sobre las mujeres y la paz, hacia la justicia, para que los Tribunales internacionales tengan más en cuenta a las mujeres y haya más mujeres en ellos.

Sin embargo, los Tribunales internacionales que están teniendo lugar, dejan mucho que desear. Una componente de Amnistía Internacional que hizo una exposición en el Encuentro criticó que ‘la gente’ no puede participar en esos Tribunales, siempre alejados. Aseguró asimismo que han fracasado algunos Tribunales, como el de Kosovo, y no se ha castigado a todos los asesinos, y muchas veces no se contempló justicia para las víctimas.

La experiencia de Guatemala también es muy significativa. A través de la investigación que han llevado las mujeres, se ha demostrado que existe un feminicidio en Guatemala que fue enorme durante la guerra civil y que en la actualidad se mantiene. Alba Estela Maldonado Guevara, actual diputada al Congreso por el partido Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), la legendaria Comandante Lola del Ejército Guerrillero de los Pobres, ha apoyado ésta investigación y en la actualidad recorre el mundo denunciando estos hechos que ella vivió en primera persona. Pero esas mujeres no son conocidas, no se las considera víctimas de la guerra, y no serán reconocidas. Dicen que la verdad es la primera víctima de una guerra.

En Valencia, la guatemalteca Yolanda Aguilar explicó ésta situación. Dijo que hay que partir de tres supuestos distintos; de la búsqueda de la verdad, de la justicia y de la reparación. El protagonismo en la exigencia de la justicia es de las víctimas, que buscan cambios estructurales. Mientras que es el Estado el que debe encargarse de la reparación, ya que es el que debe garantizar la no repetición. Sin embargo -añade significativamente- muchos miembros del estado formaban y forman parte de la estructura que generó y sostuvo la guerra mientras que la sociedad no incide en esto porque está volcada en la reparación de las víctimas y a veces quiere sustituir al estado en su tarea.

De la reparación de las víctimas también habló la judía Lily Traubmann, una de las iniciadoras de Mujeres de Negro en Israel en 1988. Ella, que fue víctima de la dictadura chilena de Pinochet, huyó a Israel, lo que la convirtió en culpable. Fui a Israel -explicaba- a un estado creado sobre la exclusión. Se crearon pueblos arrasando los de los palestinos. Moralmente soy culpable y lo que he hecho ha sido pasar de la culpa a la responsabilidad, dijo serena y explícitamente.

A Lily Traubmann la reconciliación le parece un concepto cristiano que no comparte. El perdón se puede conseguir individualmente pero no colectivamente, aseveró. Las actividades que han desarrollado como Mujeres de Negro han ido en el sentido de pasar los muros que se han creado trabajando juntas, encontrando lo común. Destacó Traubmann el trabajo que han hecho de investigar la memoria del pasado. No se conoce la historia de las mujeres, sólo la mixta. Hemos recogido la historia de las mujeres de la zona norte de Israel. Lo que pasó a partir del 48 y en la guerra. Empezamos con las palestinas y luego con las victimarias, que es igual o más importante; la historia de las ocupantes y de las ocupadas, esa es la historia completa, la verdad. Aunque también en Palestina e Israel la verdad está lejos. Lily T. dijo que el tema está difícil, Cualquier palabra sobre la justicia es considerada como una amenaza, concluyó.

Desde Belgrado llegaron las aportaciones de las Mujeres de Negro que han resistido toda la guerra en Yugoslavia y ahora afrontan una conflictiva posguerra pero permanecen unidas. Para Stasa Zajovic la intervención feminista que ellas efectúan "complementas los modelos de justicia y crea otras formas nuevas". Dentro de sus objetivos está el intentar que se aplique "el análisis de género en la teoría y en la práctica de la justicia, el visibilizar a las mujeres y que se les reconozca como víctimas dentro de los procesos", explicaba Stasa.

Cuando empezaron a trabajar juntas mujeres serbias, bosnias, croatas y de las demás partes de la antigua Yugoslavia fue en plena guerra y recordaba Zajovic cómo lograron convertir los sentimientos en acciones y especialmente importante para todos los conflictos, estén en la fase en la que estén, resulta su pretensión de crear una ética feminista de la responsabilidad lo que supone, según explicó Stasa Zajovic intervenir sobre los ‘cuidados’ realizados por las mujeres cambiando la práctica del cuidado de los suyos -su familia- que se produce como imposición patriarcal, en cuidado de la justicia.

Se necesita valor, además de claridad de ideas, para hacer una intervención social contracorriente. Tanto en los países donde no hay conflicto como en los que existen otras formas de guerra o posteriores, actuar llamando a las mujeres a hacer objeción de conciencia a los cuidados resulta cuando menos impopular, cuando no ser desleales a los héroes de la patria o incluso traidoras. En los países occidentales en los que estamos trabajando intensamente sobre los servicios sociales públicos universales para trasladar los cuidados femeninos a la sociedad, muy pocas veces se atreven las feministas a plantear esa desobediencia al patriarcado porque se las/nos consideraría desnaturalizadas no queriendo cuidar a la infancia o a la gente mayor de la familia. Y destacar esa parte de su trabajo social durante la guerra o en la posguerra resulta ya poco menos que increíble. Esas son las Mujeres de Negro.

La militarización de la vida cotidiana

Las mujeres italianas tuvieron una gran actividad en el Encuentro ya que eran un grupo numeroso y en su país existen muchos grupos de Mujeres de Negro desde los años 90, la época de la guerra de los Balcanes. Ellas criticaron la militarización apadrinada por Europa y, en concreto, por su propio país. Se encargaron de describir los pre-conflictos, es decir, situar desde dónde se organizan las guerras occidentales. Hablaron de la militarización de la vida cotidiana y del armamento y el comercio de armas. Otras se encargaron de presentar alternativas con un completo calendario que pueda coordinar a mujeres de distintos países y continentes.

Graziela Longoni escribe en su ponencia que elmilitarismo, resulta claro que es, ante todo, una condición mental, un modo de leer la realidad que carece de imaginación y de inteligencia creativa, como diría H. Arendt. Paradójicamente, el militarismo no sabe pensar en el futuro. Al intelecto eficaz que opera en el presente con la vista en el futuro y que no se limita a reaccionar mecánicamente ante las dificultades que considera amenazas, el militarismo opone una mentalidad rígida, puramente opositiva y ejecutiva, que paraliza el pensamiento, limitándola a actuar basándose en un razonamiento lineal y jerárquico, fundado en el criterio de una presunta objetividad, la del enemigo siempre en guardia

Además, continúa Longoni, "se trata de un modo de sentir sustancialmente dominado por el miedo al otro, un modo de proyectar al exterior nuestra angustia ante la muerte, enfocando cualquier cosa malvada que destruir: el enemigo, cuya supresión se convierte en algo primordial, pues produce un efecto reafirmante. La consecuencia de esto es la incapacidad de sentir empatía por lo otro, pues no se consigue pensar que el cuerpo, gracias al que estamos en el mundo con la singularidad que nos caracteriza, es para la vida, no para la muerte. Decía Annah Arendt que "aunque también morirán, los humanos nacen no para morir, sino para comenzar", para abrir nuevas posibilidades a toda la humanidad. Y prosigue analizando que "con el dominio del miedo, el cuerpo se transforma en un medio para actuar contra lo otro, en una máquina de fuerza, de potencia, en un instrumento de violencia. Esto explica porqué hoy está de moda frecuentar los gimnasios para modelar el cuerpo y aumentar la masa muscular.

"No queremos ser cómplices" manifestó Graziela Longoni, de MdN de Milán, en su ponencia sobre la militarización de la vida cotidiana. Longoni denunció a la OTAN que cambió sus propias normas en 1999, incluyendo una cláusula que permite "emplear las armas si ven (los países miembros) amenazados sus ‘intereses’.No ya el derecho a defenderse de un ataque o una invasión, sino el no ver la cuenta de beneficios incrementada lo suficiente o la búsqueda de fuentes de energía externa. Alegó que es difícil hablar de la realidad, de las relaciones de fuerzas por la jerarquización del poder y porque no hay fronteras ni control para las multinacionales. Pero se hizo la portavoz de las mujeres de Vicenza, el pueblo italiano que tiene una base de la OTAN que ahora se quiere ampliar descomunalmente y que escribieron una carta al Encuentro de Mujeres de Negro.

Dicen las mujeres de Vicenza que en un año que caminan juntas se han enriquecido con las diferencias entre ellas; entre amas de casa y estudiantes, trabajadoras de todos los tipos, inmigrantes de Italia y extranjeras, generaciones distintas. Su elección de lucha ha sido para defender el espacio común, lugar en el que se generó, se desarrolla y se confronta el pensamiento, afirman, al tiempo que se declaran dispuestas a coordinarse con el resto de movimientos.

La característica que nos une es el deseo de reflexionar y de trabajar también sobre nosotras y sobre nuestra emotividad: el no tener miedo, a veces, de decir que se tiene miedo, porque nos nuestros miedos son acogidos y contenidos por las otras; el hablar también de nuestra fragilidad; el darle valor a las emociones, dar voz al entusiasmo, pero también a la duda; el legitimar la indignación, la rabia… porque todo esto pertenece a la pasión que alimenta la rebelión y da fuerza la lucha por el futuro explican las italianas.

Las de Vicenza oponen sus formas de lucha y, sobre todo, sus valores ante quienes, desde el poder, pretenden ser los dueños de la democracia. Nosotras no queremos ser cómplices de quien utiliza la guerra como instrumento para afirmar su visión del mundo, para apropiarse de los recursos del planeta, de quien lleva a destrucción y la muerte en cualquier país con el pretexto de exportar un modelo de democracia, modelo que para muchos es abstracto.

Ellas, con sus cacerolas, con sus banderas y con macetas de tierra en la mano han puesto en evidencia las contradicciones de la administración ciudadana y de la política nacional. Nuestra movilización -explican en su escrito- ha involucrado a otras agrupaciones femeninas que defienden los valores básicos de una calidad de vida diferente; hemos puesto en primer plano los valores de la paz y de la salvaguarda del territorio y del medio ambiente, no sólo nuestro territorio.

Estas palabras me traen a la mente ideas de relación. El movimiento de mujeres contra la guerra, por la paz, no sólo muestra concomitancias con el movimiento y las organizaciones de mujeres que en todo el planeta luchan contra la violencia sexista, y con el Movimiento Feminista en particular, sino que expresan los puntos en común con la corriente ecofeminista por un lado y con las indígenas por otro.

La defensa de la ecología, de la tierra y el desarrollo sostenible puede ser algo mucho más político que el misticismo, el indigenismo, el maternaje esencialista con el que se le califica. Puede y debería, llevar aparejados cambios en la producción, en los tiempos, ritmos y relaciones de trabajo, en las maneras de explotar la tierra, en el mercado, los mercados y, evidentemente, en la propiedad. Estos cambios no tienen porque condenar a los movimientos a las reformas, afirmación que se ha hecho muchas veces del feminismo, sino que pueden ser los puentes a una especie de puente de transición hacia horizontes revolucionarios, algunas transformaciones serán coyunturales pero otras indicarán el camino hacia otras propuestas mucho más avanzadas que definitivamente solucionen algunos problemas endémicos en la globalización. Pienso que la condición es que participen las personas, las mujeres en éste caso. Esa es la clave, experiencias hay muchas, faltaría la coordinación.

Por ejemplo la cuestión planteada sobre la ética de los cuidados, dándole el enfoque feminista de cuidar de la justicia, de la sociedad, del medio ambiente, de la paz, es un punto de salida cuya trayectoria parece que transciende al patriarcado globalizado actual y situaría su práctica en otro mundo, posible, como piensan que hay las Mujeres de Negro.

Texto: Marta Brancas / BILBA

[1] - Las Estrategias de Nairobi fueron aprobadas en 1985, en la Conferencia de la ONU y ampliadas diez años después en la Declaración de Beijing: que expresa la determinación de los gobiernos, de desarrollar e intensificar esfuerzos y acciones tendientes al logro de los objetivos de las Estrategias de Nairobi orientadas hacia el futuro; promover la independencia económica de la mujer y fomentar un desarrollo sostenible enfocado hacia la persona, a través de la educación, la capacitación y la atención primaria de la salud; igualmente expresa la determinación de los gobiernos de garantizar la paz para las mujeres; la eliminación de todas las formas de violencia contra la mujer y la niña, intensificando esfuerzos para garantizar a éstas el disfrute de condiciones de igualdad de sus derechos humanos y libertades fundamentales.

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Miércoles 20 de septiembre de 2017 - 16:46