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O FOLLAS O NO PICAS BOLA

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Las mujeres adoctrinadas en el silencio seguimos temiendo las represalias si damos a conocer situaciones abusivas. O FOLLAS O NO PICAS BOLA

"La semana pasada, el fiscal general de Israel anunció la próxima imputación formal del presidente, Moshe Katsav, por violación; ayer, el ex ministro de Justicia Haim Ramon fue declarado culpable de acoso sexual por un tribunal de Tel Aviv, y su condena puede alcanzar tres años de cárcel…". "Mi única hija de siete años de edad, fue víctima de abuso sexual, por desgracia, el agresor fue su abuelo materno, por lo cual, me vi inmersa en un proceso desgastante en el cual no sabía al principio a donde recurrir por ayuda y auxilio…" "El párroco de Granada de 72 años acusado de abusar sexualmente de un adolescente de 14 años reconoció ayer ante el juez todos los hechos que se le imputaban. Su declaración bastó para que el magistrado dictara…" "Una comisión gubernamental irlandesa acusa a 150 religiosos de abusos a menores…" "Esta semana hemos conocidounasentencia que pasará a la historia,por conceder una incapacidad permanente absoluta a una trabajadora que había sido víctima de acoso laboral por parte de su jefe. El Tribunal Superior de Justicia de Cantabria ha concedido…" "Cada año, 1,7 millones de mujeres son abusadas en África de Sur, señala Amnistía Internacional". La autora de este artículo reflexiona sobre esta lacra social y se pregunta qué están haciendo los entes públicos, políticos y judiciales para cambiar esta triste realidad: la mayoría de las agresiones sexuales permanecen ocultas y jamás llegan a los tribunales.

  Expresiones de este tipo se oyen en facultades, en empresas, en hospitales, en la administración. Conllevan que una mujer trabajadora o estudiante tiene que someterse a la voluntad de un hombre que, por su situación, tiene poder sobre ella, y se tiene que acostar con él o, como mínimo, reírle las gracias y dedicarle tiempo para alimentar su vanidad, o tendrá grandes dificultades para terminar sus estudios o desarrollar su trabajo. Desde luego no todos los hombres son así, pero es raro encontrar a una mujer trabajadora o estudiante que no se haya encontrado en una situación de "presión sexual" en su entorno social. Se trata de ese jefe especialmente cariñoso que impone su presencia y alarga la jornada laboral sin que la prisa de la mujer, sus preferencias, su vida… le importe lo más mínimo. O ese compañero que aprovechando que obligatoriamente comparten el espacio durante la jornada laboral obliga a la mujer a escuchar conversaciones que nada tienen que ver con el trabajo y mucho tienen que ver con un despliegue de pretensiones sexuales y roles de género. Todo lo que podría resultar estimulante y divertido en un entorno de libertad y con una atracción mutua no es más que aburrido, agotador y, en ocasiones, amenazante para la mujer, cuando el único que siente atracción es el hombre, y a él le importa poco lo que sienta la mujer.

 ¿Quién no conoce algún profesor de facultad del que había que huir porque no aceptaba un no por respuesta? ¿Quién no ha oído hablar de un cirujano que ponía como condición para intervenir en operaciones que previamente te acostaras con él? ¿Quién no ha soportado largos cafés aburridísimos porque el jefe quería seguir tonteando? La verdad es que es patético que algunas personas necesiten imponerse a la fuerza para conseguir atención, y en ese sentido esos hombres me dan mucha pena. Pero luego me acuerdo de lo peligrosos que pueden llegar a resultar y se me pasa la pena. Entonces me entra una cierta pena por nosotras, teniendo que dedicarle tiempo a personas que no ven más allá de su propio ombligo, para no correr el riesgo de ser atacadas, desterradas, desprestigiadas…

 Hace años la ley del silencio era tan grande que con solo mencionar esta situación una mujer se arriesgaba a quedar aislada. No solamente teníamos que aguantar que el jefe se tomara "ciertos derechos" sobre nosotras, sino que encima teníamos que callarnos y "no dar la lata". Y lo que era peor: siempre estaba la amenaza real de que la culpa recayera sobre la mujer (ella le ha provocado, ella le buscaba, ella ha ido detrás de él para ascender…) y la mujer recibiera un castigo social mientras el hombre continuaba tranquilamente con su vida.

 En la actualidad a este tipo de personas, por más que le moleste a algunos jueces (y juezas), la ley los califica como delincuentes y tenemos la posibilidad legal de defendernos. Sin embargo la ley del silencio sigue ahí, y las mujeres, adoctrinadas en el silencio seguimos temiendo las represalias si damos a conocer situaciones abusivas. Es más, con frecuencia seguimos tolerando esas situaciones. Vamos a comidas de Navidad en las que uno de los asistentes acosa a una compañera, y comemos con él y le deseamos feliz año. Reímos los chistes del compañero que desprestigia sistemáticamente a esa otra compañera que no se quiso acostar con él. Todavía hacemos muchas cosas innobles para no ponernos a nosotras mismas en peligro. Como si eso sirviera para algo.

Amparo Díaz Ramos – Abogada

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Viernes 24 de marzo de 2017 - 12:57