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LOS CHICOS Y LA EDUCACIÓN

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Los nuevos modelos de masculinidad como "el chico sensible" están empezando a tener poder LOS CHICOS Y LA EDUCACIÓN

Durante siglos, y en varias culturas, los chicos jóvenes han sido motivo de mayor preocupación social que las chicas. Desde la Antigua Grecia hasta los tiempos de los Teddy Boys, Roqueros, Mods, Punks, Skin Heads en la segunda mitad del siglo XX

El período de la adolescencia tiene distinto significado para ellos que para ellas: mientras que para los chicos era el espacio de libertad previo a la vida adulta, para ellas es un tiempo de mirar y esperar. Siempre se ha visto normal que hubiese un chico rebelde en la clase, pero no estaba tan bien visto la chica rebelde porque las mujeres siempre hemos tenido que guardar el respeto a unas normas de comportamiento y decoro que a ellos no se les ha exigido con tanto ahínco.

Los datos de los países de la UE nos revelan que la media de los resultados académicos de los chicos es más baja que la de las chicas en todas las materias académicas y en todos los niveles escolares (Informe EOC/OFSTED, 1996.)

Mientras la evolución de las chicas en todos los niveles académicos era imparable, ellos tenían otros problemas: la baja motivación para el estudio y los altos índices de agresividad y violencia.

Pero hoy en día se ha producido una paradoja, al haber más mujeres que hombres en las Universidades y al obtener nosotras mejores resultados académicos, se está originando una devaluación de los estudios universitarios, ampliamente copados por mujeres. Ahora se otorga valor a otros estudios y profesiones que nada tienen que ver con la Universidad y son sectores ampliamente masculinizados. Es decir, a pesar de que las mujeres obtenemos mejores resultados académicos seguimos obteniendo puestos inferiores a ellos, al igual que los sueldos, en el mercado laboral; otra vez nos topamos con la sociedad androcéntrica que no valora a las personas por sus méritos reales, si no por el hecho de ser hombre o mujer.

Con el estudio de las masculinidades comprobamos cómo los chicos siguen teniendo las mismas pautas de comportamiento que sus abuelos; mientras que las mujeres cuando se incorporan a la educación evolucionan, ellos siguen mostrándose igual que sus antepasados. Un ejemplo sencillo lo podemos hacer con nosotras mismas: si hacemos el ejercicio de compararnos con nuestras abuelas, observaremos, seguramente, una evolución abismal.

Ha cambiado la función de la enseñanza secundaria. Antes su objetivo era la formación del alumnado que iba a estudiar a la Universidad, a los dirigentes del país, y hoy en día ha pasado a ser un sitio donde convive todo el mundo, siendo una enseñanza tan obligatoria como la primaria lo que ha provocado que haya un alto índice de fracaso protagonizado por los chicos.

Comparando los datos estadísticos con otros países europeos una de las conclusiones que se puede extraer es que el fracaso escolar es menor cuando la educación secundaria se orienta a la formación profesional y a la universitaria, es decir se desdobla, sin que se produzca el atasco de chicos que no quieren una formación universitaria en la escuela secundaria. Pero esta bifurcación tiene que mejorar a la que existía antes de la reforma escolar y la formación profesional debe articularse con las relaciones laborales.

Pero los cambios experimentados en la sociedad actual, que todavía son insuficientes de cara a la igualdad real de la mujer, han supuesto un revulsivo al concepto de identidad masculina, ya no tienen el monopolio del empleo, ni de la política, de las artes, de la escuela… Pero este cambio no ha conseguido que los adolescentes se hayan desmarcado de los arquetipos masculinos segregacionistas, y sobre todo hay que tener en cuenta que en toda relación de poder, el que lo tiene se resiste a perderlo, siendo éste el origen de la violencia machista.

Para solucionar por un lado el fracaso escolar de los chicos y por otro la desigualdad que padecen las chicas en la escuela, se proponen unos principios pedagógicos que son la coeducación. Estos principios recuerdan el doble carácter social y a la vez personal de los géneros, así como que la escuela ha olvidado el papel de la mujer en el mundo. Nada más tenemos que consultar los libros de texto para ver que no aparecen mujeres historiadoras, ni escritoras, ni relacionadas con las bellas artes. La coeducación cuestiona las jerarquías culturales entre lo masculino y lo femenino, trata de hacer más masculinas a las chicas y más femeninos a los chicos. Su valor pedagógico radica más en su contenido democrático que en el hallazgo del método igualitario perfecto.

En el seno de la UE y debido a la preocupación de los Estados miembros por el fracaso escolar masculino se puso en marcha el Proyecto Arianne, que puso en contacto a 8 países y 32 instituciones de secundaria de la UE para explorar la construcción de las masculinidades en la adolescencia de chicos de entre 15 y 17 años.

Los objetivos en la primera fase eran analizar las representaciones masculinas de género y sexismo en la adolescencia; en la fase dos los objetivos eran el análisis de las relaciones de género en la adolescencia y sensibilizar a los y las adolescentes de estas relaciones.

Los datos que arrojó el estudio fueron -que según cada país se tiene un concepto distinto de la masculinidad, o de que es ser chico- que las chicas y los chicos comparten representaciones de género muy similares, respecto al tema profesional los chicos tienen un abanico de posibilidades más restringido que las chicas, que los espacios sociales masculinos y femeninos funcionan por separado (es fácil comprobar en el patio de recreo de cualquier colegio o instituto cómo los chicos están practicando algún deporte por un lado, y las chicas charlan en grupos por otro), y que los estereotipos naturalizan la agresividad masculina y el acoso sexual.

Otros datos que arrojó el Proyecto Arianne fueron que las chicas muestran una gran estima en el esfuerzo académico y lo conectan con su futuro profesional y con la independencia económica. En cambio, los chicos piensan que la escuela los limita y se centran sólo en cómo obtener un trabajo. Es curioso como respecto al tema del matrimonio es más importante para los chicos que para las chicas, ya que lo necesitan para su estabilidad emocional y supervivencia cotidiana.

Las relaciones entre los géneros son problemáticas en cuanto que los chicos siguen valorizando los rasgos físicos y corporales de las chicas y las chicas los deseos de cómo les gustaría que se comportaran los chicos. La polarización de los géneros es la principal característica de las relaciones sociales en la etapa adolescente. Los nuevos modelos de masculinidad como "el chico sensible" están empezando a tener poder.

Y sobre todo con este estudio se llegó a la conclusión de que para realizar cualquier intervención hay que contar con la voluntad por parte del profesorado, que tiene que admitir que hay diferencias que limitan las posibilidades de unas y de otros, que las diferencias acaban convirtiéndose en desigualdades entre los dos grupos sexuales, que ayudan a desarrollar sólo parcialmente algunas habilidades en ambos grupos sexuales, que limitan las posibilidades de unas relaciones en igualdad y que ayudan a mantener las jerarquías sociales basadas en la diferencia sexual de las personas.

Por áreas curriculares los chicos tienden a tener peores resultados en asignaturas que requieren de un alto grado del uso de la lengua. Las chicas leen en casa, mientras que ellos sólo lo hacen en clase como norma general; para ellas es una forma de ocio, mientras que los chicos prefieren divertirse de otra manera.

En cuanto a las matemáticas las chicas suelen presentar muy bajos resultados, ocurre como en las ciencias, que son consideradas asignaturas masculinas. El origen del fracaso de las chicas en las matemáticas reside en el método de de explicación. La forma tradicional consiste en que el profesorado enseña como se resuelven algunos problemas matemáticos y después el alumnado resuelve de forma similar. Este método no es el apropiado para las chicas pues necesitan de una explicación previa antes de empezar la tarea; a los chicos no les interesa tanto la explicación y se preocupan más de saber hacerlos que de entenderlos, y por ello triunfan más en esta materia.

En cuanto a las ciencias y la tecnología, materias también consideradas masculinas, en el aprendizaje de las mismas tienen mucha importancia los juegos infantiles. Los chicos de pequeños han tenido juegos que tiene que ver con la precisión, con el manejo de materiales, con montajes… A nosotras de pequeñas nos compraban muñecas perpetuando así el rol de cuidadoras, y hasta un cubito y una fregona para que aprendiéramos pronto a limpiar y ser buenas amas de casa. Si se cambiara la enseñanza de las ciencias, haciendo hincapié en sus aplicaciones sociales, muchas más chicas optarían por su estudio.

La conclusión que se ha extraído del Proyecto Arianne es que las chicas han roto los límites de sus expectativas profesionales y laborales, mientras que los chicos siguen considerando de una forma bastante limitada aquellos trabajos u oficios a los que les gustaría optar y aquellos que por considerarlos femeninos rechazan como posibilidad.

Después de analizar tanto estudio sobre el fracaso escolar masculino y tanta inversión en proyectos para atajarlo me viene a la mente la siguiente pregunta: ¿si el fracaso escolar lo hubiesen mostrado las chicas, se hubiesen tomado esas iniciativas, o se hubiera visto como algo normal? Sorprende que se ponga el grito en el cielo cuando los hombres fracasan en algún campo, pero nadie se escandaliza ni hace nada por evitar la baja formación que presentan las mujeres en España a partir de una franja de edad comprendida sobre los treinta años, ni la alta tasa de desempleo que presentan.

(Datos obtenidos del manual "La coeducación de las identidades masculinas en la educación secundaria", autores; Amparo Tomé y Xavier Rambla.)

AMPARO MARÍN ARELLANO

ABOGADA.

MASTER EN POLÍTICAS PÚBLICAS DESDE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO.

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Lunes 24 de julio de 2017 - 08:37