Yvonne Knibiehler
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"El feminismo debe volver a pensar la maternidad"

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Con ocasión de la publicación de sus Memorias, esta historiadora de 84 años, gran figura del feminismo, explica porqué la verdadera liberación de la mujer pasa necesariamente por la defensa de la maternidad.

Usted afirma que el feminismo ha equivocado el camino cuando ha decidido ignorar la maternidad. De hecho, en los años 1970, no era políticamente correcto tener hijos siendo militante...

No exageremos, entonces había a pesar de todo algunos intelectuales que defendían la maternidad. Pero lo hacían desde el punto de vista del cuerpo. Alababan la belleza del embarazo, del parto... Personalmente, no he encontrado hermoso estar embarazada o parir. Lo que en cambio he encontrado milagroso, es el encuentro con ese pequeño ser que desde las primeras horas de su vida, expresa tanta humanidad. En ese sentido, he estado mucho tiempo en desacuerdo con Simone de Beauvoir que, en El Segundo Sexo, definió la maternidad como un obstáculo a la vocación humana de trascendencia. Desde luego yo soy una hembra mamífera, pero no soy un animal. Y mi relación con los pequeños seres que traigo al mundo está hecha también de inteligencia, lo que precisamente abre la posibilidad de una superación, de una trascendencia. Es lo que, después, me ha permitido reconciliarme con Beauvoir, que comprende perfectamente esta posibilidad: la mujer, escribe, "no puede admitir dar la vida mas que si la vida tiene un sentido; no podría ser madre sin intentar tener un papel en la vida económica, política, social"

Por un lado las madres, por otro las feministas: intentando unir las dos usted ha tenido a menudo "la impresión de estar nadando entre dos aguas". Pero su recorrido de historiadora, Ivonne Knibiehler ha dirigido mucho tiempo la unidad de historia de la familia en la universidad de Provence, ha reforzado su convicción...

Como feminista de la segunda generación (las de los años 1960-1970, que sucedieron a las sufragistas de la III República), he sido, es cierto, cuestionada y marginal. ¿Por qué? Porque incluso sosteniendo las luchas de las militantes sobre la sexualidad, el control de la reproducción, el poder o el trabajo, estaba convencida de que la maternidad continuaría siendo una apuesta fundamental de la identidad femenina. No podía estar satisfecha con esa orden implícita: "Sé madre y cállate". Mi formación de historiadora así como mi propia sensibilidad me permitían afirmar que la maternidad no era solamente un desarrollo narcisista, un gozo complacencia personal. Era también, en la misma medida, una función social. Estaba convencida que al olvidar esta función social, se ignoraba, al menos, la mitad de las cualidades de la maternidad. Desde entonces, los resultados de mis investigaciones no han hecho más que reforzar esta certeza. El feminismo debe, en primer,  lugar volver a pensar la maternidad,  el resto vendrá por si sólo.

Usted escribe que el feminismo, sufre una "fragilidad congénita": la transmisión de la identidad sexual es mucho más difícil para las mujeres que para los hombres. ¿Por qué esa diferencia?

 

Para un padre es relativamente fácil enseñar a su hijo a ser un hombre, porque esto no pone en juego más que sus respectivos egos. Pero entre madre e hija, la transmisión pone en juego la vocación misma de la especie humana. Lo que una madre enseña a su hija es que todo su cuerpo está comprometido, profundamente, con la reproducción de la especie. Dicho de otro modo, en un ámbito próximo a lo sagrado que no conseguimos desacralizar del todo. Incluso cuando los médicos han conseguido mostrar claramente el proceso de la procreación, de la gestación y del parto damos tanto valor al nacimiento de un ser humano que se convierte en sagrado junto con la madre. Entonces, si quiero educar a mi hija como un ser inteligente y culto, puedo hacerlo. Pero no sé decir lo que la maternidad exige de mí. Eso sólo puede trasmitirse a través del modelo y el modelo hoy se impone de manera menos evidente, menos natural que antes.

Más de treinta años después de la ley Veil que autorizó el aborto, las mujeres son verdaderamente dueñas del control de su fecundidad.

 

En el plano de lo simbólico, evidentemente es esencial que desde ahora la ley recoja la libertad de tener un hijo o no tenerlo. Pero si falta la libertad psicológica, la libertad jurídica se reduce a lo estrictamente formal. Tome el ejemplo de los Países Bajos, un país que tiene la ley más liberal en materia de aborto y la tasa más baja de abortos. Prueba de que ambas cosas no son contradictorias. En cambio, en Francia el número de Interrupciones Voluntarias del Embarazo (IVE) es demasiado elevado (de 13 a 14 por 1000 mujeres en edad de procrear). ¿Por qué? Porque no se dice suficientemente a las mujeres que se trata también de una prueba física y moral. Aún siendo desagradable, mientras que la IVE continúe representando para las mujeres la liberación, la practicarán sin protestar. Y lo mismo ocurre con la contracepción. Los productos que necesitan las mujeres para controlar la natalidad están fabricados por multinacionales dirigidas por hombres, que se preocupan poco de la liberación de las mujeres. Mientras que eso no cambie, las feministas no podrán enorgullecerse de haber conquistado el control de su fecundidad

Todavía hoy, para una inmensa mayoría, las madres que trabajan tienen muchas dificultades para conciliar sus responsabilidades profesionales y familiares La novedad es que ahora hablan. ¿Estamos asistiendo al nacimiento de una tercera generación de feminismo, que intenta, al fin, hacer compatible la igualdad y la maternidad?

 

Si8 es así, vamos a ver cómo se desarrolla. ...Lo que yo espero es que las que (y los que) se llamen feminista en el futuro hayan comprendido que es necesario, desde luego, ayudar a las mujeres a no ser madres cuando no quieran serlo, pero que también es necesario ayudarlas cuando sí quieren serlo. ¿Esto debe pasar necesariamente por un reparto igualitario de las obligaciones de los padres? No creo. Quizás durante un tiempo las mujeres pensaron que iban a compartirlo todo, pero ya han perdido la ilusión. Aunque sólo sea porque las madres continúan comprometiéndose más que los padres, y porque renunciar a los cuidados de los pequeños a menudo, se convierte para ellas en una carencia. Será necesario que las jóvenes generaciones consigan resolver la cuadratura del círculo, cuestión que hoy inquieta a todo el mundo, tanto padres como hijos. No es por azar por lo que los candidatos a la presidencia del gobierno se cansan de prometer más guarderías y más ayudas a los padres que trabajan. Ya Germaine Poinso- Chapuis, que fue en 1947-1948 -mucho antes que Simone Veil- la primera ministra francesa de pleno derecho, encargada de la salud y de la familia durante el gobierno de Robert Schuman, tuvo la idea de crear un ministerio de la infancia... Eso es una prueba de que el problema no es nuevo.

En este contexto, ¿qué opinión le merece la candidatura de Ségolene Royal a la más alta responsabilidad del Estado?

 

El hecho de que una mujer que tiene cuatro hijos y que nunca ha ocultado su interés por la maternidad pueda ser candidata en las elecciones presidenciales, prueba indiscutiblemente que las mentalidades han evolucionado. Pero es una evolución con dos caras.

Si ella tiene éxito y lo consigue, eso tranquilizará a las mujeres sobre su valía en el ámbito político. Pero si fracasa, y en contra de lo que ocurre con los hombres, corremos el riesgo de sacar la conclusión de que las mujeres, el sexo femenino en su conjunto, es incapaz para la política

¿Cuál sería hoy su definición de feminismo?

 

El feminismo es la otra cara del humanismo, oculta durante mucho tiempo, una doctrina que defiende el desarrollo de la persona humana. Porque se da el caso de que la persona humana es sexuada y lo que permite el desarrollo de una persona de género masculino no es siempre suficiente para una de sexo femenino. Entre otras cosas, constatamos que, por razones antropológicas, la dominación masculina está siempre presente a lo largo de la historia. Cambia cuando hace falta, pero no desaparece nunca. Desde el momento que una mujer puede acceder a una candidatura política de más alta posición, ¿no significará eso que el poder está en otro sitio y que la dominación masculina se ha refugiado esencialmente en el ámbito económico? No nos hagamos ilusiones, el feminismo no ha suprimido, ni siquiera ha reducido mucho, la dominación masculina. La ha obligado a cambiar de lugar. Es por lo que ese movimiento político es inamovible y eterno y siempre tendrá como objetivo limitar las desigualdades y las injusticias que conlleva la dominación masculina. Dominación que, por parte, es a menudo inconsciente en el hombre y raras veces deliberada, pero que no por eso es menos permanente.

Entrevista de: Catherine Vincent

Publicado en: Le Monde - 9 de febrero de 2007

Traducido por: Olivia Potel Aguilar

 

Ilustracción: Ivonne Knibiehler, en febrero de 2007. Olivier Metzger Para "Le Monde"

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