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SUS EMINENCIAS REVERENDÍSIMAS

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En principio no iba a escribir sobre esta cuestión tan trillada, pero no podemos olvidar que el laicismo comienza a levantarse como otra de las banderas más propias del movimiento feminista. Es decir, la estamos levantando, bien alto, para que nadie olvide todo lo que las religiones patriarcales han humillado a las mujeres. Para que ninguna mujer se sienta deudora de estas iglesias, que incluso han pervertido lo más profundo y rico de la espiritualidad humana. Salvador Pániker escribe en un artículo reciente (EL PAÍS, 26/1/2007) sobre la "religión sin iglesia" e incluso sobre el "agnosticismo místico": un hallazgo.

En contraste con la brillantez de Pániker, un día antes había aparecido en el mismo diario una patética foto de los obispos andaluces, no tanto por la imagen de nueve señores con clregyman y cruz al pecho, sino por el motivo de la noticia, es decir, por su oposición al Estatuto de Andalucía por el hecho de que "hace concesiones a la ‘ideología de género’ vigente, que propone una pretendida valoración neutra de la sexualidad humana de espaldas a los fundamentos antropológicos de la diferenciación de los sexos y de su complementariedad". A ver si hablando en "román paladino" nos entendemos. Lo que ellos llaman fundamentos antropológicos son los roles desempañados desde el jurásico inferior por hombres y mujeres, los cuales, además, han sido de lo más variopinto. Más bien, quieren referirse a los roles desempeñados por hombres y mujeres en la familia tradicional y patriarcal, que no tiene nada de antropológico, sino de sociológico. Pero, claro, si reconocieran que es una cuestión sociológica y, por tanto, también ideológica, tendrían que reconocer que los sexos nunca se dan en estado puro, sino culturizados, o sea, como género. Los sexos en estado puro se dan en una vaca, en un toro…

¿Qué hay detrás de todo esto? Detrás de todo esto lo que hay es una intolerancia visceral a la autonomía de las mujeres, hoy independientes, libres, profesionales, desobedientes… Sus antiguas parroquianas se les han sublevado, se les van de los confesonarios y de los roperos. Ya no van a rezar a San Antoniopara que les salga un novio, sino que navegan por páginas de ligues o de hacer amigos. Detrás de todo esto, lo que hay es que ellos ya no pueden controlar a las familias, que hasta ahora parecían una franquicia de la iglesia católica. Controlando la familia, se controlaba todo lo demás, por eso también despotrican contra el matrimonio homosexual, es decir, no católico.

Más patético aún: una iglesia que quemó a siete millones de "brujas", es decir, de mujeres sabias, con su "Santa Inquisición", ahora se hace valedora de "la vida". Y como ya tengo escrito, la vida que interesa a la jerarquía católica es sólo la vida intrauterina o en estado comatoso. Jamás he visto a los obispos asistir a una manifestación contra la guerra o contra la pobreza, por ejemplo. ¿Qué vida defienden?

También están contra el Estatuto por el tema de la educación, que, aunque garantiza la elección de colegio por parte de los padres y tiene en cuenta la creencias católicas de los andaluces, sin embargo "no es garantía suficiente que evite dar cobertura a políticas laicistas…" que bla, bla, bla… ¡Políticas laicistas! Pues claro, estaría bueno, ¿o es que quieren un estado teocrático? Para mí que tienen una incontrolable y soterrada envidia a los ayatolás, a los talibán y a todos esos jefes de estado que dirigen la vida de los pueblos en nombre de Dios. ¡Quién lo pillara! Pues va a ser que no, señores obispos. Ellos saben que si pierden a las mujeres lo han perdido todo, por eso insisten tanto y tanto en el control de la sexualidad, como el resto de nuestras religiones monoteístas y monotemáticas.

Como contraste con todos estos despropósitos, cito de nuevo a Pániker: "Donde mejor puede prosperar el sentido de la trascendencia es en una sociedad plenamente secularizada". Estoy convencida de que a "ellos" no les interesa para nada la trascendencia, sino la poliquitería clerical. Si tenía alguna duda de votar en contra o de no votar, ahora sé que me lo tengo que pensar dos veces después de leer punto por punto. Creo que lo que hace este Estatuto es consolidar derechos, pero no le pido más. Ese más sólo puede estar en la libertad, en la orientación vital de cada quién.

VICTORIA SENDÓN

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Viernes 24 de marzo de 2017 - 13:03