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Violencia de género y responsabilidad social de los medios

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Violencia de género y responsabilidad social de los medios

Las investigaciones siguen mostrando que los medios de comunicación discriminan positivamente lo masculino al tiempo que mantienen ciertos comportamientos misóginos: 'todo parece indicar que se trata de un crimen pasional' recogía una noticia. Los asesinos no parecen ser los culpables de la violencia contra las mujeres, sino la entelequia 'violencia doméstica' que desenfoca y no señala con el dedo al hombre que mata: 'un nuevo caso de violencia doméstica'. Las mujeres 'mueren', no son 'asesinadas'. Se evita la palabra 'asesino' para utilizar abundantemente 'hombre'. Y en contra de la ética periodística, se identifica en muchísimas más ocasiones a la víctima que al asesino. ¿Acaso nos sorprende que siendo las mujeres el 52% de la población del mundo constituyan el 21% de las personas que figuran en las noticias? En España, sólo 15 de cada 100 personas mencionadas en la radio son mujeres.

La autora de este artículo analiza la responsabilidad que los medios de comunicación tienen para con la otra mitad de la población.

*Mariló Rico Sánchez

En los últimos años hemos vivido momentos en que los medios de comunicación de nuestro país han sido claves a la hora de movilizar a la ciudadanía en contra por ejemplo de la muerte de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA o la misma intervención de España en la guerra de Irak. Miles de personas salieron a la calle para protestar contra estas injusticias, y la prensa, la radio, la televisión y los medios electrónicos tuvieron mucho que ver como agentes movilizadores y conformadores de opinión. Si llegara un extraterrestre y viera que este año 59 hombres han matado a sus parejas o ex parejas por el mero hecho de ser mujeres y que los medios de comunicación tienen este poder de convocatoria y concienciación, diría: Pues venga, que hagan lo mismo para erradicar la violencia contra las mujeres. ¡A qué están esperando!

Pero la realidad es bien distinta. Es cierto que desde que en 1997 se hicieran eco profusamente del asesinato de Ana Orantes a manos de su marido, los medios de comunicación no han dejado de prestar atención a este problema social y político de primera magnitud. Por supuesto, no podemos dejar nunca de recordar que esta visibilización de la violencia contra las mujeres ha sido gracias a la lucha de los movimientos feministas. Sin ellas no hubiera sido posible. Me gusta subrayar esta idea porque todavía hay gente que no lo sabe, o que no quiere enterarse, del papel que en las últimas décadas han desempeñado los colectivos de mujeres en los logros sociales.

Pero como decía antes a pesar de que los medios de comunicación se están haciendo eco de la violencia contra las mujeres como nunca antes lo habían hecho, el mensaje en la sociedad no termina de calar. Ello es debido a dos condicionantes: a que los mismos medios de comunicación mandan mensajes discriminatorios y confusos que no se corresponde con el papel que las mujeres están desempeñando actualmente en la sociedad, y a que en muchas ocasiones la información sobre violencia de género no se está tratando adecuadamente.

La presencia pública de las mujeres en las últimas décadas y sus avances en todos los órdenes de la sociedad se han convertido en hechos incontestables. Sin embargo, para que esta realidad se consolide, es necesario que todas las instituciones sociales con capacidad para fijar normas, valores, actitudes y comportamientos, entre éstas, los medios de comunicación, se hagan eco de ello y contribuyan a difundirlo y sancionarlo. A ese respecto, puede comprobarse cómo los productos mediáticos siguen reflejando una visión deficiente y sesgada de los géneros.

Así vemos como se siguen construyendo mensajes en los que, por acción o por omisión, se reproducen estereotipos sobre las mujeres sustentados en los roles tradicionales de género.

Las mujeres aparecen mucho menos que los hombres en los mensajes de los programas de radio, en la prensa o en la televisión y cuando lo hacen es, en gran medida, a través de imágenes claramente discriminatorias y estereotipadas: como personas anónimas, sin profesión o sin apellidos, a través de un estatus vicario o dependiente, en roles no valorados socialmente, como víctimas, en menores tiempos de aparición, como objetos sexuales puestos al servicio de intereses comerciales… Como dice la escritora Gemma Lienas, "cuando una mujer sale en la prensa, o es princesa, o es modelo o está muerta".

Pero es que tampoco los medios están recogiendo aquellas representaciones de lo masculino que rompen con los roles tradicionales, como las relacionadas con el mundo afectivo o las tareas de cuidado. No suelen mostrarnos, por ejemplo, a individuos comprometidos con el logro de la igualdad.

La persistencia en una representación desfasada y devaluada del género femenino sólo puede explicarse, entonces, por la continuidad de la ideología patriarcal hegemónica, que sigue operando en las mentes de hombres y mujeres y a través de multitud de mecanismos del funcionamiento social, a veces inapreciables, para perpetuar los privilegios masculinos.

En relación con la violencia de género lo primero que hay que denunciar es que la Real Academia de la Lengua Española sigue empecinada en no reconocer en su nuevo diccionario "Esencial" la expresión violencia de género para designar la violencia que sufren las mujeres. En este nuevo manual, que hace gala de recoger "el español más vivo de España e Hispanoamérica" se mantiene la entrada violencia doméstica, con lo que se oculta las razones que esconde este problema social y que las víctimas son las mujeres. Por el contrario se pone el énfasis en el ámbito dónde se desarrolla este tipo de violencia cuando todas y todos sabemos que ésta se da en cualquier lugar, público o privado, y que lo verdaderamente importante son los motivos por los que se ejerce para conseguir erradicarla.

En cuanto a las informaciones sobre la violencia que sufren las mujeres, en su mayoría no profundizan en el tema, por lo que dan una visión incompleta de la realidad. Estas noticias se siguen insertando en muchas ocasiones en las páginas de sucesos o presentadas como tales en los informativos de radio o televisión. Se abordan como si fueran un accidente o un hecho causal, cuando se trata de una conculcación de los derechos humanos y un problema estructural que afecta a toda la sociedad. Se le da voz en demasiadas ocasiones a personas del vecindario o a fuentes sin formación o conocimientos específicos, la policía por ejemplo, para que opine sobre lo sucedido y ello lo que hace es confundir sobre la verdadera causa de la agresión. Lo adecuado sería consultar fuentes fiables y profesionales que sitúen el tema y que sean capaces de explicar las razones que llevan a un hombre a maltratar o, en el peor de los casos, matar a una mujer.

Los medios tampoco han desterrado del todo expresiones tan dañinas como "crimen pasional", "asesinada tras un ataque de celos", "problema sentimental" o "la agredió después de una fuerte discusión". Muchas veces también se justifica la violencia por causas externas a ésta: estaba bajo los efectos del alcohol o las drogas, y se evitan así los debates de fondo: por ejemplo, qué valores les estamos transmitiendo a las nuevas generaciones para que, como pasó en septiembre en Sevilla, un joven de 20 años agreda a su novia porque ella no quería seguir con él.

Otra de las consecuencias que están teniendo la difusión de los casos de violencia es la doble victimización. Como recoge la investigadora Pilar López en "Representación de la violencia de género en los informativos de TVE"1, por una parte el asesino priva a la mujer del derecho fundamental a la vida, y por otra la familia, especialmente las hijas e hijos si los hubiera, y las personas allegadas, viven de nuevo simbólicamente la pérdida de la mujer asesinada a través de las imágenes que se dan de la calle donde vivía, y de otros objetos personales, como puede ser el coche. Asimismo, también contribuye a esta doble victimización el que a las mujeres se las suele identificar con mayor precisión, con nombre y apellidos, que a los asesinos, tal y como se recoge en un trabajo de doctorado realizado en la Universidad de Salamanca por Jennifer Rebollo. De todas formas, éste es un punto delicado porque se supone que mientras que no hay sentencia firme y el agresor no es condenado es presuntamente culpable. Por tanto, hay que tener cuidado a la hora de identificarlo a no ser que él mismo se autoinculpe ante la policía.

Por otro lado, los medios hacen un escaso seguimiento de los casos de violencia de género en los que la mujer sale adelante y consigue rehacer su vida, con lo de positivo que tiene para aquellas otras mujeres que están viviendo en esa situación y no se atreven a dar el paso de denunciar.

 

En cuanto a otros tipos de violencia que afectan a las mujeres, es cierto que en los últimos años los medios están prestando atención a por ejemplo los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez o a los casos de violaciones y acoso pero hay un tema que siempre hecho en falta: la prostitución. En este caso, las conexiones del sistema patriarcal funcionan perfectamente. Prácticamente todas las instituciones, incluidas las fuerzas del orden, miran para otro lado cuando se les pregunta por la situación de las mujeres prostituidas. A principios de noviembre hubo un amplio despliegue policial en un club de alterne de Sevilla, que se saldó con la detención del dueño del establecimiento porque desde el primer momento fingió que él y cuatro mujeres que había dentro habían sido secuestrados. Bueno, pues toda la atención de los medios se centró en el supuesto raptor y a nadie se le ocurrió indagar por la situación de las mujeres, en qué condiciones se encontraban, cómo han llegado a nuestro país, qué edades tenían, de dónde eran. Simplemente no interesa. Es un tema tabú. Al día siguiente se supo que las mujeres estaban en España de forma irregular y se dio sin la mayor trascendencia.

Pongo otro ejemplo de cómo algunos temas que afectan a las mujeres no forman parte de la agenda de los medios de comunicación. La Asociación de Asistencia a Mujeres Víctimas de Agresiones Sexuales, AMUVI, atendió el año pasado 268 nuevos casos mujeres que habían sido objeto de abusos y violación. De ellas, 23 fueron asistidas en Granada y 118 en Sevilla capital. Repito, 118. Estamos hablando sólo de las que llegan a esta asociación y no de las que acuden a otras organizaciones o simplemente ni denuncian. Bueno, pues este tema, como digo, tampoco está en los medios.

Como puede comprobarse, después de casi dos años de la aprobación de la Ley Integral de protección contra la Violencia de Género, la nueva norma ha aportado pocas novedades. Esta ley surge como fruto de un amplio debate social sobre las causas y consecuencias de los altos índices de violencia ejercidos contra las mujeres en nuestro país y la consecuente necesidad de atajarlos de la manera más efectiva posible. La difusión mediática de los casos de violencia y el aumento del número de denuncias interpuestas por mujeres a sus parejas o ex parejas tras recibir agresiones de éstas, ha llevado al foro público la cuestión de los valores machistas existentes en la sociedad. La constatación de que estos hechos pueden producirse gracias a la pervivencia de un sistema patriarcal, ha devenido en la intención, por parte de los legisladores, de implementar medidas que no sólo supongan una defensa legal, protección, asistencia o seguimiento a las víctimas, sino de crear las condiciones sociales para que este tipo de relación entre los sexos deje de ser posible.

 Como resultado, la Ley, además de una serie de medidas penales y protocolos de actuación para los servicios públicos que tratan casos de violencia de género, instituye otro bloque de preceptos más generales, dirigidos a cambiar la realidad por el lado de las conciencias, es decir, a través de la educación y los medios de comunicación.

Así, se crea todo un Título de la ley denominado "Medidas de sensibilización, prevención y detección". Y, dentro de éste, aparecen varios capítulos: el primero, dedicado a la Educación y el segundo, al ámbito de la publicidad y de los medios de comunicación. A través de este segundo capítulo, se recuerda el concepto de Publicidad ilícita (que remite a la Ley 34/1988,de 11 de noviembre, General de Publicidad) y se incluyen como Titulares de la acción de cesación y rectificación de este tipo de publicidad, la Delegación del Gobierno contra la Violencia sobre la Mujer, el Instituto de la Mujer u órgano competente de cada Comunidad Autónoma, el Ministerio Fiscal, las asociaciones de Consumidores y Usuarios y las que tengan como objetivo único la defensa de los intereses de la mujer.

Con respecto a la violencia de género en particular, el artículo 14 recoge que "los medios de comunicación fomentarán la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombre y mujer, evitando toda discriminación entre ellos. La difusión de informaciones relativas a la violencia sobre la mujer garantizará, con la correspondiente objetividad informativa, la defensa de los derechos humanos, la libertad y dignidad de las mujeres víctimas de violencia y de sus hijos. En particular, se tendrá especial cuidado en el tratamiento gráfico de las informaciones".

De esta forma vemos que el análisis de la Ley Integral respecto a las posibles innovaciones reguladoras del ámbito de los medios de comunicación ofrece, realmente, unos resultados bastante tímidos, cuando no pobres. La atención y la intervención real que hace en el terreno de la sensibilización es mínima, puesto que los preceptos recogidos nos remiten ya a las anteriores leyes reguladoras de los medios. Y éstas han demostrado ser del todo insuficientes. No existen mecanismos de control real sobre la emisión de publicidad discriminatoria, por ejemplo. Las agencias parecen detentar un poder demasiado fuerte porque a lo más que están obligadas es a elaborar códigos de autorregulación. La ley realmente contempla la posibilidad de ejercer una labor coercitiva y obligar a retirar determinados anuncios. Pero esto nunca se hace si no es por la presión del público o de las asociaciones de consumidores. Con respecto a los medios, ocurre lo mismo. El derecho fundamental a la libertad de expresión no parece que pueda ser limitado por el también básico derecho a la información, porque no hay instancia que pueda prohibir a los medios, públicos o privados, la difusión de contenidos discriminatorios. Cualquier actuación sobre este extremo es calificada como censura.

Esta idea es corroborada en el cuarto informe de la Comisión Europea sobre la directiva "Televisión sin fronteras" donde se recoge que "la importancia esencial de la libertad de expresión en una sociedad libre significa que la reglamentación debe limitarse al mínimo necesario para alcanzar los objetivos de interés público". A este respecto la profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Alicante, María del Mar Esquembre Valdés, asegura que, "por lo visto la consecución de la igualdad entre mujeres y hombres no sólo no constituye una garantía institucional de la democracia, sino que ni tan sólo llega a la categoría de objetivo de interés público".2

A pesar de las carencias legislativas y del tratamiento muchas veces inadecuado de la violencia de género en los medios, yo, como soy optimista por naturaleza, creo que hay motivos para la esperanza. Esperemos que el Plan Nacional de Sensibilización y Prevención que está a punto de aprobarse recoja alguna medida al respecto.

Todos los organismos internacionales que promueven políticas contra la violencia de género insisten en la necesidad de que la profesión periodística realice cursos de inmersión y especialización en cómo cubrir las noticias desde la perspectiva de género. Y es que como asegura la investigadora Pilar López Díez, "el sentido común, que es androcéntrico, no es suficiente para enfocar con gafas neutrales y objetivas, de género, el terrible problema de la violencia masculina contra las mujeres". 

Así, los planes de estudio de las Facultades de Ciencias de Información de Málaga y Sevilla no contempla ninguna asignatura en este sentido, pero sí me consta que determinadas personas, como es el caso de la profesora de Redacción Periodística de la Facultad de Málaga Elena Blanco Castilla, instruyen motu propio a su alumnado sobre cómo deben abordarse las informaciones desde una perspectiva de género y, en concreto, las relativas a la violencia de género.

Por supuesto, no podemos olvidar que en Andalucía, ya en el año 1999,el Instituto de la Mujer elaboró el "Decálogo de recomendaciones a los medios de comunicación para el tratamiento de la violencia contra las mujeres" y que en 2003 también organizadas por el IAM y la Fundación Audiovisual de Andalucía se celebró el I Seminario Internacional de Medios de Comunicación y Violencia de Género.

Por otro lado, algunas de las asociaciones de la prensa de Andalucía, como es el caso de Granada, Cádiz o Almería, siempre a instancia de las socias, están organizando o bien por su cuenta o en colaboración con instituciones públicas, cursos y jornadas sobre esta temática. Lo que ocurre es que tal y como me cuentan algunas compañeras, la profesión periodística es la que menos acude a estos encuentros, unas veces por falta de concienciación y otras porque las jornadas de trabajo son interminables y no hay tiempo para más.

Es el caso de las jornadas "Objetivo mujer", que organizó recientemente en Guadix el Sindicato de Periodistas de Andalucía. Acudieron unas 30 personas y de ellas sólo eran periodistas dos chicas de la organización y las ponentes.

Pero bueno, otro dato para la esperanza es el crecimiento de las denuncias que recibe el IAM por publicidad sexista. En un año se han triplicado, pasando de las 106 en 2005 a las 302 en 2006. Quizá algún día cercano, si las denuncias se siguen incrementando de esta manera, salga de las propias empresas y de los creadores publicitarios no diseñar campañas que atenten contra la dignidad de las mujeres y también en muchas ocasiones de los hombres.

 Otra de las buenas noticias que se ha producido este año es la creación de la Asamblea Andaluza de Mujeres Periodistas. Se constituyó en Chiclana, en Cádiz, y de allí salió precisamente la Declaración de Chiclana compuesta por diez puntos, entre los que voy a destacar los que están más relacionados con el motivo de mi exposición:

· La Asamblea de Mujeres Periodistas asume su responsabilidad en el cambio social de Andalucía hacia una sociedad más justa e igualitaria.

· La aportación de las mujeres a la sociedad no está suficientemente recogida en los medios. Las mujeres no aparecen en los mismos comos portavoces, expertas profesionales o líderes de opinión. Desde la Asamblea nos comprometemos a hacer visibles a esas andaluzas y para ello elaboraremos registros provinciales que podrán ser consultados públicamente y que se remitirán a los medios que obvien reiteradamente a estas mujeres.

· El lenguaje y los contenidos sexistas siguen vigentes en las informaciones. Para eliminar esta realidad instamos a las Facultades de Comunicación a que incluya en sus planes de estudios asignaturas sobre lenguaje y contenido no-sexista, y pedimos a las empresas que promuevan cursos de formación en este sentido.

· Y por último, esta Asamblea alerta sobre el tratamiento de las noticias relacionadas con la violencia machista. Nos comprometemos a promover debates para mejorar la calidad de estas informaciones y ayudar con ello a terminar con esta lacra social.

Por último he dejado el caso de la Radio Televisión de Andalucía porque lo considero muy paradigmático. En el año 2002 se produjo en Andalucía la primera regulación legislativa sobre el tratamiento que debían dar unos medios de comunicación a la violencia machista que sufren las mujeres. En la reforma de la ley de creación de la RTVA aprobada ese mismo año, se recoge en el apartado j) del artículo 3 que la empresa pública de la radiotelevisión de Andalucía deberá "promover iniciativas para erradicar la violencia de género". Para el ex-secretario general de la RTVA,  "esta es la primera vez que un texto legal regulador de una radiotelevisión en España se compromete tan abiertamente con la lucha contra los malos tratos y por la igualdad de géneros.3

Es cierto que la RTVA ha firmado varios convenios con el Instituto de la Mujer y la Consejería de Igualdad para evitar la publicidad sexista, pero en temas de formación son pocas, por no decir ninguna, las iniciativas que se han puesto en marcha desde 2002.

Desde 1997 la empresa ofrece a las trabajadoras y trabajadores cursos de formación, pero entre ellos nunca ha figurado uno dedicado a cómo informar con perspectiva de género. Cada año el departamento de formación pasa un listado con los títulos de los cursos que oferta para que cada persona elija según preferencias y al final deja un hueco donde se pueden hacer sugerencias. Pues bien, 2006 ha sido el primer año en que se ha solicitado formación en comunicación y género. Lo han pedido cinco personas, y las cinco son mujeres. La empresa tiene que estudiar ahora la conveniencia de ofrecer este curso para el año que viene.

Mientras tanto las personas de la RTVA interesadas en formarnos siempre podemos recurrir al Libro de Estilo de la RTVA, editado en 2004. La recomendación que hace a "los" redactores es que no debe utilizarse la expresión violencia de género. Según sus autores debe evitarse siempre que sea posible porque es inadecuada. Entre los argumentos que dan se encuentra que es una expresión que "salta por encima de la semántica" y un sintagma de "comprensión dificultosa", "impreciso para un lenguaje periodístico" porque no incluye numerosas posibilidades de violencia entre personas y ponen como ejemplo: Dos jóvenes detenidos por amenazar a su madre o La policía encuentra a un anciano desnutrido por abandono de su hijo. Los autores del Libro de Estilo no han comprendido que si el término "violencia de género" no "comunica con nitidez" en estos casos es porque precisamente no hace referencia a estas realidades, sino exclusivamente a la violencia masculina de sufren las mujeres por el mero hecho de serlo. 

Otras de las apreciaciones rechazables que hace el Libro de Estilo de la RTVA es que "no debemos pensar que el español es un idioma sexista por utilizar el masculino como plural genérico". Y concluye "en definitiva, son las sociedades –y nos las lenguas–, como si fueran elementos que se pudieran disociarse, las que discriminan".

Pero no todo es cuestionable en el Libro de Estilo de la RTVA. En el apartado de "Asuntos comprometidos", se recoge un extenso apartado dedicado a los "Malos tratos", cuyas recomendaciones toman como referencia estudios y manuales anteriormente citados del IAM y el IORTV.

En definitiva, es evidente que queda mucho por hacer, pero el camino ya está trazado y no hay vuelta atrás. Nuestra obligación ahora es reclamar leyes más útiles y las que estamos dentro de los medios de comunicación, conseguir un tratamiento adecuado de las informaciones desde la responsabilidad y la ética profesional. Se lo debemos a todas las mujeres que ya no están y a las que nos precedieron en la lucha.

 

*Mariló Rico Sánchez

Periodista y en Master en Género e Igualdad de Oportunidades

1- LÓPEZ DÍEZ, Pilar (directora), "Representación de la violencia de género en los informativos de TVE", Madrid, Instituto Oficial de Radio y televisión, RTVE, 2006.

2- ESQUEMBRE VALDÉS, María del Mar: "Televisión y tratamiento de género", en GARCIA CASANOVA, Juan Francisco y CASADO SALINAS, Juan María: El Servicio Público de la Televisión. Universidad de Granada, Granada, 2005.

3-ROSADO COBIÁN, C.: "El control de la actividad televisiva: Consejo Superior Audiovisual", en GARCIA CASANOVA, Juan Francisco y CASADO SALINAS, Juan María: El Servicio Público de la Televisión. Universidad de Granada, Granada, 2005.

 

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